GUARRADA

guarrada. (De guarro1). 1. f. Porquería, suciedad, inmundicia. 2. f. Acción sucia e indecente. 3. f. coloq. Mala pasada. Real Academia Española
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martes, 28 de junio de 2016

Trabajar sin celebraciones; los votantes saben lo que han hecho



  Poseían mucho tino las columnas, las perlas que di a los puercos parafraseando el Nuevo Testamento, en El Imparcial.es. Tan leídas eran que hicieron sombra a los discursivas peroratas de Anson. Digo peroratas porque son claros ejemplos de hipocresía que dicen mucho de nada sin dar ejemplo personal y profesional ante la sociedad que le premió... por su ausente humanidad.


  Yo no escribo en ese periódico de cínicos fariseos porque traté con mala gente, así de sencillo, acostumbrada a vivir del cuento humanista y cultural sin brindar ejemplo de ética o de moral; valores muy saludables para evitar la inmundicia de lo hipócrita que intoxica a cualquier sociedad.




 De haber resultado Anson honrado, honesto, digno y nada abusivo como hipócrita robando mi trabajo de modo tan rastrero; de haber sido Vila un ser humano normal, sin esas tendencias de latrocinio de trabajo ajeno, y no ser un abusador laboral, un aprovechado sin escrúpulos; de haber tratado con gente decente en la Ortega-Marañón, ecuánime, digna y sincera en lo profesional y personal, habría presentado mi columna sobre lo sucedido en la elecciones del 26-J junto al resto de las columnas que se apropiaron sin pagar un solo euro. Ladrones, miserables apestosos y sin vergüenza son los que hacen algo tan rastrero.


 Como solo existe el cinismo de los deshonestos y la desvergüenza de lo parasitario sin ética ni moral, escribo mi parecer sin que ningún desaprensivo ejerza mobbing contra mi trabajo. Una liberación del yugo de ciertos impresentables que siguen moralizando una sociedad que sabe perfectamente dónde identificar a los farsantes. 

 España está nutrida de infames cantamañanas viviendo a tutiplén, parasitando del trabajo de otros honrados ciudadanos. Ya sabe quién es quién tras los temores vencidos, aunque aún queda el rastro pestilente de los que la han engañado durante décadas... Pero todo pasará por ley de vida.

 Al día de hoy me incentiva  mucho más moralmente, arrancar las máscaras de falsedad de estos abusadores sin honra, pero aquí dejo mi somero comentario sobre lo sucedido este 26 de junio en que retornó la cordura que jamás se fue.

 Los votantes de Rajoy son más inteligentes y comprometidos que él. A ver si se da cuenta y enmienda tantos errores y nos alivia de sus dañinas soberbias y autosuficiencias.


TRABAJAR SIN CELEBRACIONES. LOS VOTANTES SABEN LO QUE HAN HECHO

A poco que fueran escuchadas las declaraciones de Garzón e Iglesias, ellos mismos han perdido las elecciones por esa estupidez triunfalista con que se quitaron las máscaras antes de tiempo pensando que todo estaba logrado.

  Garzón declaró en campaña que Venezuela tenía una de las democracias más perfectas del mundo. Iglesias, por su parte, alababa a Zapatero como el mejor presidente que había tenido la democracia española. Los españoles no necesitan de hemerotecas para recordar el nefasto paso de Zapatero por el país. Lo de Venezuela y Garzón no es de guasa y los ciudadanos están para pocas bromas. Perdieron  por necedad propia  y por la lucidez del votante que les vio el plumero.

Por otro lado, las elecciones no las ha ganado el Partido Popular por méritos propios sino por la cordura de los votantes desencantados que advirtieron el peligro del populismo en España, disfrazado de corderito de justicia social para devorar como lobos nuestra identidad y valores históricos.
  
 El Partido Popular debería aprender de los errores y cumplir con solemnidad lo que antes ha defraudado con vergonzosa frivolidad y falta de compromiso. Se entiende el coraje de personas que contemplan cómo tan pocos meritorios gobernantes obtienen votos con la percepción de que Rajoy puede no aprender nada de esta peligrosa lección para todos.

 Ahora puede enmendar los errores gobernando sin soberbia y por consenso político. Quizá un revulsivo para activar la conciencia de tan confiados necios que han estado a punto de destruir por múltiples negligencias y omisiones a España.

 No hay nada que celebrar que no sea la mengua del riesgo ante incertidumbres que han podido precipitarnos hacia el abismo histórico de la confrontación sin freno. Todo debe volver a los cauces democráticos por el cumplimiento de un programa electoral mirando por los más desfavorecidos, siendo los españoles los primeros en ser atendidos para poder atenderse a su vez con solidez otros presupuestos sociales y políticos. Solo estando a bien con nosotros mismos podremos ser eficaces y solidarios con asuntos relativos al exterior de nuestras fronteras.

 Es hora de mirar por la importancia endógena y constructiva reforzando las instituciones y actuando con firme resolución ante las amenazas que, disfrazadas de voluntad democrática, han pretendido desintegrar la razón vital de ser en un país legitimado históricamente para preservar su identidad.
   
  26 de junio. Votar un mal remedio para evitar lo peor. Ya lo dije en mi columna de El Imparcial de julio de 2015,  y el tiempo me dio la razón.

viernes, 11 de diciembre de 2015

El Imparcial.es: aconsejar sobre el paro... ¿explotadores laborales?


(Mandado a varios de El Imparcial.es, sugiriendo que lo usen como papel higiénico para limpiarse la ética elemental).

  ¿Con qué clase de hipócrita condición pueden hablar de paro los que explotan sin escrúpulos a las personas honradas que han trabajado por El Imparcial.es sin cobrar un euro? No solo no se paga sino que además se arremete también sin escrúpulos contra quien ha aportado un rendimiento económico al periódico. Les basta mentir, manipular y acosar para imponer un totalitarismo denigrante y repulsivo.

  Nos escandalizamos de las corrupciones que asuelan España y no se nos ocurre pensar que los que las denuncian, tras la apariencia de la honesta profesionalidad, son los más pútridos como ejemplo de la perdición de un país que confía en los consejos de sus más vergonzantes elementos sociales.

  El Imparcial.es no respeta el trabajo ni los derechos de las personas; es una caverna de disimulados virtuosos de las letras que en realidad esconde a trogloditas expertos en la verborrea permaneciendo en la Edad de Piedra de los valores morales más básicos. En pleno siglo XXI andan a dos piernas como prohombres sociales que forman parte de un periódico influyente con los acontecimientos nacionales e internacionales sobre los que informa, pero en la realidad de los fondos de la ética, la verdadera que estilan, reptan por los suelos de las vergüenzas que califican sus actos.


  Me produce asco la existencia de ciertos monos encumbrados en los pedestales de la sociedad española cuando, más allá del disfraz de la respetabilidad, siguen encaramados a los árboles del interés depredador a cualquier precio, empuñando palos con poca dignidad para luego vestirse con elegancia y dar el pego de la consigna cultural.

  Sin respeto al trabajo, al esfuerzo personal llevado a cabo con honradez, el asco que provoca tan hipócrita pose debería aglutinarse en un inmenso vómito que enterrara los despachos de estos expertos en dar el pego de la conciencia social.

  Ni conciencia, ni la mínima decencia. La explotación es una vileza que debería estar erradicada de nuestra rutina social, sin embargo es la práctica inherente a cuantos van con la cabeza alta por la vida viviendo del trabajo ajeno que no pagan. Simples parásitos enmierdados que lucen sus abusos materiales escondiendo sus miserias personales.

  Ciertamente que en la sociedad española existe mucha basura sin reciclar, pero no habría suficientes contenedores para amasarla ni trituradoras capaces de quebrar caras tan duras.

  Hoy por hoy, no hay esperanza en un mañana honrado si como estandarte de ejemplaridad ondea la bandera del deshonor que exhibe impúdicamente esta pequeña patria de aprovechados, de chulería sin humanidad,  en que se ha convertido El Imparcial.es.