GUARRADA

guarrada. (De guarro1). 1. f. Porquería, suciedad, inmundicia. 2. f. Acción sucia e indecente. 3. f. coloq. Mala pasada. Real Academia Española
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martes, 26 de junio de 2018

¿Al lado de los negros Luis María Anson, el esclavista?-Artículo en Rambla Libre

Ignacio Fernández Candela.
Al lado de los negros titula Luis María Anson un artículo en El Mundo para darse autobombo, presumir de dilatada carrera y recordar sus años de corresponsal de guerra que dudo mucho fueran en primera línea de combate; más bien veo en él al cobarde que nunca da la cara -para eso tiene los colmillos afilados de su cancerbero Joaquín Vila- y estoy seguro de ello también por su actitud esclavista, sin el menor atisbo de inquietud humanitaria.  Ningún villano puede ser reconocido por su valentía.

Este Luis María Anson se prefabricó un curriculum a medida de sus manipulaciones personales. Se fue a contar batallitas de corresponsal pensando en el estrellato, en tanto ya pergeñaba su camino hacia el éxito con el consejo de algún rufián que le pagaría los favores, ora manipulando ora conspirando con estrategias oscuras, para encaramarse a la influencia que le dispensó una ligera conciencia. Cuanto más se desgasta en dignidad con la perspectiva de la extinción, resulta más gracioso, grotesco, esperpéntico, con ese disimulo de malandrín que ejercita para ir de prestador de consejos. En el crepúsculo de su existencia la vida no le da para mucho más, lástima de rico Epulón. Pero eso sí, el eterno presumido sigue dándose coba, con esa autocomplacencia de lo burlesco que el vanidoso exhibe sin ser consciente de sus vergüenzas.


El tonelaje de su medallero ha hundido con descaro el pedestal que se construyó después de ganar las competiciones amañadas. Porque hace tiempo que le precede la fama de tramposo y no la de caballero; la deshonestidad en el mal ejemplo de sus actos que no la diarrea discursiva de sus teóricas dignidades. ¿Al lado de los negros?
Todavía no he leído de este egocéntrico cantamañanas, un texto altruista donde no se incluya ensoberbecido de tontez, ni se abstenga de alabarse con la excusa de admirar a lo ajeno. Hipócrita esmerado. No da puntada sin hilo ni opinión si no reverbera con seguro beneficio. Si no se le paga con dinero, paradójicamente se hace pagar con prebendas morales; ya ven, el moralista-medallista  con semejantes siembras.
 Anson es un filantrópico fraude allá donde se mueva, con esa apariencia de bienhechor social cuyos actos son egoístas y plenos de frivolidad ornamentada de solemnidad. Siempre está presto a mirarse el ombligo con cualquier excusa de ensalzarse a través de los demás, siendo hipócrita con esmero y redomado, sí,  pero también un caradura que se aprovecha del trabajo de los demás. Que se lo pregunten a Enrique de Diego, a mí mismo o a tantos. Negrero, esclavista, aprovechado sin mucha, ni poca, consciencia acerca de la justicia elemental… ¿ese dice estar al lado de los negros? Oportunista.
No es extraño que Luis María Anson apoye la inmigración masiva, incontrolada, la innecesaria caridad del fariseo que usa el tráfico de personas para justificar la estulticia destructiva de un político sin ideas como Pedro Sánchez. Es el presidente usurpador y allí se arrima el adulador a ver si pilla cacho.
Normal será verlo merodeando La Moncloa o los aledaños ministeriales, con el verbo florido a quemarropa y el paso renqueante ascendiendo las escalinatas del atajo hacia el poder. Mas el tiempo ya no juega a su favor, radicalmente agotado después de tanto honor en compraventa y despachos visitados con secretismo durante décadas. Correveidile al mejor postor.
Luis María Anson representa el periodismo veleta, el de la camisa cambiada como el plan del chaquetero. Sin otra moda o dignidad que la que tercie e influya para sostenerse para que no se le caiga el chiringuito del IBEX 35 que le financia el panfleto dirigido por el tótem diabólico Vila.
Anson sin acento, cursi: ¿Qué decir a este personaje de ficción pública que nada tiene que ver con lo que en esencia representa en los bajos fondos de la especulación; la que no conviene que sepa el público? Improvisaremos en la línea poética de su facilona sensibilidad sin fondo, como es el lagrimeo artificioso del cocodrilo:
 “Oh, ilegítimo de la verdad, aprovechado de trabajo y negocio ajenos, tú misérrimo campechano orlado de premios por merecimientos sospechosos, Luis María Anson, cuánto desperdicio apesta en tu ditirámbica palabra de bocazas sin dignidad, explotador laboral, mal encarado en asociaciones de traición; tú académico aupado desde los despachos tenebrosos de la especulación, eres el que se pone al lado de Pedro Sánchez, pelota sin vergüenza, apoyando la política de inmigración, la estrambótica como hipócrita caridad de la manipulación que ha acogido refugiados ya extraviados después del cachondeo del Aquarius: desechar la ropa de la Cruz Roja en contenedores de basura; pagarse los chupitos de whisky con billetes de 100 euros y comprobar que la decena de menores pasaba de la veintena de años. Tú Anson, el mismo que nombró a Pujol español del año.



Tú traga bolas, carpanta ávido de influencia perdida, escribes un artículo sensiblero para elogiarte con tu repugnante ego que usa la tragedia del África negra para endiosarte como negrero-falso defensor- sin escrúpulos. ¿Tú vas a dolerte de la marginación de los necesitados por el color de su piel? Tú no distingues la honestidad de la oportunidad así te refieras a blancos o negros, amarillos y hasta morados, lisonjero de podemitas. Eres un paria del infierno de la soberbia, carnaza para el demonio por ser de moral descuidada, que dicen. Ingenuo perdedor que no te llevarás nada salvo tu mentira de vida
Valiente hipócrita al que ya conocen en España desde que La Guarrada de El Imparcial.es. Ética según Anson te ha retratado como el mayor embustero, desleal e hipócrita de misérrimos valores de conciencia que tan bien disimulas junto al segundón eterno Joaquín Vila, el de cara pétrea y alma negra; negritud pero no por cuestiones de raza pura y legítima, sino por el tiznado de su espíritu oscuro y ajeno de las buenas obras que ni tú ni él habéis representado, pese a esos aires de filantropismo desgastado que usas.
Aranero, fingidor de sensibilidad, ridículo actor de poca monta erigido en excelentísimo a base de negocios de despachos, prebendas silenciadas-cuánto de ti hablan los que te han conocido por las gorrinadas-quid pro quo con la mano por delante dispuesto a rendir pleitesía al nuevo amo político, empresarial o financiero, así fuera tu Señor el mismísimo que mal te aconseja  no  dejarías de doblar la cerviz a ver qué te cae de la mesa en el averno. ¿Por qué evitarlo ahora y no apoyar la injustificable mafia del tráfico de personas?
Tú no estás al lado de los negros ni del trabajo honrado de los demás que te ha lucrado, ni de Dios. Estás tan artificiosamente sobrado de ti mismo que la humanidad se te ha olvidado.

jueves, 14 de junio de 2018

Ansón levantará la pata ante los muros del casoplón de Pablo Iglesias-Artículo en Rambla Libre





Ignacio Fernández Candela.

No me sorprende leer a Luis María Anson justificando el casoplón en un artículo de su guarida periodística, El Imparcial. La hipocresía es inherente a arribistas como él, de otro modo criticando la del podemita se haría un harakiri. Es ese adulador y apestoso texto una auténtica bajada de pantalones ante Pablo Iglesiasque antes practicó con Don Juan, con el Rey Juan Carlos y con cuantos personajes terciaran, sin importar origen, si eran indicados para proveerle de prebendas, beneficios, ganancias y especulativos bocados mediante la intriga y el oscurantismo. Anson lleva en el parasitismo, a decir de muchos y apellido Luca de Tena mediante, el ya muy dudoso triunfo de su carrera personal. Lo tengo muy presente cada día y por eso me acordé de él cuando conocí a mi actual mascota.


Adopté recientemente un perro y decidí llamarlo Ansón, porque suena rotundo con acento y observé su tendencia a rastrear la mierda de los campos como a solazarse descuidadamente y acabar el paseo siempre pringado. Pero a diferencia del hipócrita Anson, sin acento, a este animal sí lo quiero y no necesita bozal. Lo de la suciedad no me importa después de haber estado cerca de esa peste moral que expele el imparcial  presidente junto al eterno subordinado, y no se sabe qué más si hiciera caso de habladurías, Joaquín Vila.Ese sí que necesita que le cierren la boca porque muerde a traición, ajeno a los beneficios del adiestramiento moral.
Enrique de Diego denunció la guarrada que practicaron contra él al poco de ser padre y yo mismo los despaché en La guarrada de El Imparcial.es que arrasó al digital durante mucho tiempo, a través de buscadores como Google, hasta que dejé de presionarlos. Por ser explotadores sin escrúpulos y manipuladores sin conciencia, cínicos amorales, los calé bien y de paso los vapuleé a conciencia. Ridículos.
Aun cesada la denuncia queda la huella de la vergüenza que sacó pública y multitudinariamente los colores a estos parásitos de trabajo ajeno.  Siendo de viles conciencias y repugnantes cataduras morales los dejé marchar. Para lo que le queda, decidí que aceleraran el paso confiados hacia el precipicio de la recogida de sus ruines siembras. Pobres ignorantes, confiados e  impunes, eso se creen.
 No basta con darle en el hocico para reprender a un ser ladino, en ocasiones la rabia del dingo se abate con medidas expeditivas. Pero si ese Vila da bocados es ya con dentadura postiza, siendo viejo avaro y malhadado, además de feo de cojones. Vila está muy cascado por abusar de la prepotencia y de alguna cosa más. Marcha con paso firme hacia la disolución personal entre brindis y brindis, por la suerte existencial de la que le ha provisto el oportunismo y la maldad que muestra fundida  en la pétrea cara. Se ha cavado su tumba pero aún no sabe que la salud mal cuidada pasa factura pasando por los higadillos, tan frágiles ellos en ciertas condiciones de  maltrato personal.
 Vila sigue dirigiendo El Imparcial.es con ese disimulo del decoro que tan bien aprendió del dueño que lo alimentó. Por eso la línea editorial es la típica del que está a verlas venir, allá donde pillar cacho y seguir viviendo del deshonroso pero pingüe beneficio de la relativización moral para defender posturas políticas corruptas; las que no difieren, según dicen,  de las profesionales de Anson con que se aupó al estrellato de la influencia, no importa el método para conseguirlo. La conciencia es a veces un freno para tan altas miras de servicio público.
                                             Joaquín Vila y su amo, Luis María Anson.
Ansón me gusta verlo correr siendo un cachorro muy guasón y zalamero. El académico ni corre ni tiene arte para la zalamería-y si no que se lo pregunten a las mujeres que soportaron sus, digamos,  acercamientos, y tampoco es un retoño y menos de especie tan noble como mi can. Grotesco es verlo defender lo indefendible intentando hacer méritos ante el que dice futuro líder de la izquierda española. Extraña, en el colmo de la desvergüenza,  que no lo haga presidente ya.
El ínclito y aprovechado Anson es un moralista sin moralizar que disimula la deshonestidad con el farsante discurso de la instrucción. Maestro de vergüenzas  sigue su trayectoria de oportunista sin límite al que solo le falta cambiar de género y desfilar en el Orgullo Gay; como si pintara algo su palabra perdida con la fama que se ha creado. Mala siembra de vida, peor cosechará en el umbral de la extinción. Insensato e ignorante, para qué tanto boato y codicia que perderá en breve sin expiar pecado. El embaucador de la adulación, bufón sin credibilidad, sigue simulando que aún le queda dignidad en el criterio y adula a Pablo Iglesias por lo que pueda caer de la mesa del amo, arrimado donde se le pueda oír ladrar.
Es por ello que dice ser incontestable la justificación de los podemitas en la adquisición del chalé y que hay honra al someter la continuidad en el partido con la votación de las bases. No contento con el pretexto no se ruboriza al afirmar que un 70% de los votantes eligieron la permanencia del dúo dirigente.  Y por si aún no se notara la lengua babeante a ras del suelo, pontifica sobre el futuro esplendoroso del locuaz bolivariano.
El académico premiado por el beneficio calculado de sus añagazas carentes de pulcritud profesional y menos personal, lo sé por experiencia, desgraciadamente, que por vergüenza de sus actos no posee aptitudes para el consejo si no son desde la falsedad y la hipocresía, el Anson de los premios comprados y el honor vendido al precio de la traición es un lisonjero profesional.




¿Por qué será que no me sorprende su servilismo con Pablo Iglesias habida cuenta de su carácter especulador y el cálculo mezquino de sus ególatras ambiciones? ¿Dónde va, hombre de Dios, o discípulo de Satanás, allá su conciencia, con edad avanzada y en la cuenta atrás de sus andanzas malévolas pero disimuladas, con un pie en la tumba y otro en el restaurante de diario donde aún se atiborra de ricas viandas que acrecientan el colesterol malo, el  que un día le dará un susto mortal si no corrige las abusivas gulas?
En realidad no importa si el mundo se aligera de falsedad. Por lo pronto me interesa el bienestar de mi perro Ansón  que visitará el chalé de marras para inmortalizarlo levantando la pata ante el muro exterior del casoplón.
Otro no tardará en estirarla estando el espíritu poco curtido para la marcha. Pobre ciego, rico y necio Epulón. Vanidad de vanidades y solo vanidad, este termina sus días levantando el puño, si le da tiempo.







viernes, 11 de mayo de 2018

La gorrinada de Luis María Anson- Artículo en Rambla Libre



La gorrinada de Luis María Anson

Ignacio Fernández Candela.
Los sueños son raros pero esclarecedores. Ya relaté aquel en que Anson se travestía y Vila era empalado para acabar la extraña ensoñación con un perro que diligentemente recogía las cagadas, con perdón, junto al medallero honorífico del académico.
Ayer soñé que un cerdo bastante glotón, sonrosado como la tez de un Gargantúa estreñido, acompañaba la solemnidad de Luis María allá por donde iba. Nadie lo advertía y se hacía un lío entre las piernas del egregio periodista que ya de por sí tropezaba consigo mismo, a cuenta de una barriga prominente que entorpecía su marcha hacia los atriles de las conferencias moralizantes. Él mismo, sí, el Príncipe de Asturias a pulso merecido-quizá de otros que lo sostuvieron-; mérito supuesto a pesar de sus erráticos comportamientos personales. Y no sé cuántos más trofeos que caben en su soberbio, rechoncho y henchido orgullo, amplio como su cuerpo convenido de colesterol malo. Esos chuletones de todos los días minan la salud que no la cartera de la que ahorra dinero sin pagar el trabajo. Pillín el moralizador nos ha salido. Peor es Vila: un compendio de cara y dureza, acaso del alma. Algunos me dicen que ese lleva la maldad en la mirada. Y el infierno, añado.
El cerdo lo acompañaba sin que nadie lo advirtiera pero disimulaba el excelente, excelentísimo le queda grande en mi sueño y la realidad,-como si no fuera la pocilga con él. En una de estas idas y venidas-creo que reconocí el edificio de la Fundación Ortega y Gasset-Gregorio Marañón por la pestilencia a rancia hipocresía que me costaba soportar en ese momento del sueño-, cuál fue la sorpresa cuando de repente vi  al cerdo subiendo solemnemente a dar la conferencia, en tanto el académico se quedaba rasando el suelo como si hociqueara. Acaso rastreaba no se sabe qué premio al que sumar a los muchos acumulados-vanidad de vanidades y solo vanidad-durante su ostentosa y especulativa, a partes iguales, existencia.
Recuerdo bien antes de despertar que el animal pronunció una conferencia paradigmática y hasta parecía sincero en el discurso. Al poco desperté con la duda de quién había pronunciado ese discurso y quién rastreado el piso sin que ninguno de los presentes en el salón se diera cuenta del cambiazo. Igual, en fin, en el extraño sentido de un sueño así no había diferencia.
Luego leí su artículo en El Imparcial, donde en la poltrona presidencial aparenta ser lo que no es, como Vila, y me pareció oler a cerdada, a hipocresía rancia como la expedida mientras soñaba con la Fundación Ortega-Marañón; la misma que se quedó decenas numerosas de recortes originales de El Sol desde 1918 hasta los años de la Guerra Civil, un tesoro, periódico donde escribía sus columnas Ortega y Gasset. Se apropiaron de lo mío además de no pagarme por un intenso trabajo. Para más inri, Joaquín Vila, el periodista con cara de gangster de tebeo, ejerció  un matonismo acostumbrado -pregunten a Enrique de Diego-, cobardemente, tras la mesa de su despacho al que tiene atornillado el culo por méritos que van más allá de una profesionalidad dudosa, según muchos colegas periodísticos.
El sueño me indicaba algo y al poco leí estas hipocresías tremendas que el Anson pasa por buenas, permisivas, redundantes con su esencia profesional tan bien disimulada ya que la personal chirría o gruñe; al menos cuando yo sueño.
 Más tarde, sin saber si la conciencia me dictaba la segunda parte de un sueño en el que poder dirigirme a Anson, escondido en su despacho desde donde me leía mis centenares de artículos que le he dedicado, era yo quien le hablaba con altavoz de modo que mi voz le sanara una presumible sordera ante la demanda de justicia elemental. Creo recordar que fue así:
Luis María, Anson, majeteque nos conocemos. Se te ve el plumero y si te descuidas con esos andares de ganso hasta se te ve el culete.  Traqueteas como una máquina rota y los pantalones se te remachan cada mañana porque no cabes en tu cuerpo de tonel, de tan ricas viandas que te ventilas sin pagar a quien te las provee. ¿Dónde está lo mío sin abonar-90 artículos posicionados en primeros lugares de internet- y la disculpa por el puerco comportamiento de El Imparcial, tan digno digital, venga ya,  contra mi persona?
 Anda que si te hubieran tratado tan mezquinamente en tu trabajo, no de correveidile sino la tapadera periodística, como tú tratas a quien explotas, … Que se lo pregunten a Luca de Tena que en paz descansa lejos del tufo de la traición que otros en vida todavía, por poco tiempo, expelen. Cualquier día en un paso se te caen los pantalones a los tobillos de tanto que bamboleas tu orondo cuerpo y achicas las arterias; no sé cómo estarás absorbido de mala sangre. Algo ridículo en tan gimnástico adulador que como un contorsionista de circo te adaptas a la audiencia con tu verborreico, perdón, ditirámbico verbo para encandilar al personal. Bien sabes de la treta de la arana para llevarte al huerto al género femenino que dicen las malas lenguas, serán, te entusiasmaba desde tu poltrona de superioridad machista. ¿Por qué fuiste jurado de concursos de belleza? Solo Dios lo sabe.
Siendo tú moroso que no pagas el trabajo bien hecho, mío, ¿te atreves a hablar de equiparación de sueldos entre hombre y mujer, para poner el grito en el cielo con tan injusta afrenta durante el discurso en el Club femenino de las 25? Pelota, o más bien peloto; en todo caso un mentiroso compulsivo que vas de niño bueno, ya ves con ochenta y tantos, cuando has sido tan miserablemente travieso. Hipócrita, ¿si no pagas ni al masculino vas a pagar en femenino? Explotador sin honestidad, ¿dónde está tu conciencia?, que te crees que los demás trabajan por tu cara ajada  o la dura de Vila, el abusador evanescente cuando delira entre aromas de una afición tan consabida y etérea.
Y mira que me acuerdo de lo hipócrita de tu condición de mala baba, de palabra desperdiciada, de saltimbanqui del separatismo nombrando a Pujol español del año, y de tu cinismo recalcitrante, pura bazofia discursiva, encumbrado por no se sabe qué méritos cuajados en el despacho de las especulaciones. Méritos ¿Los habrá verdaderos? Lo dudo con la moral que me has mostrado y la poca dignidad del abuso que estilas. Tú, bien nacido, ¿hablas de igualdad de sueldos cuando eres mal pagador y aprovechado que obvias las injusticias esenciales que cometes para erigirte en juez supremo de la equiparación salarial? Cinismo es poco, lo tuyo es aberración. Joé con el Anson.
Hay que ser lerdo de espíritu, o malintencionado, o una mezcla de lo uno  y de lo otro. Con una dosis de ruindad que tan magníficamente secunda tu don nadie Vila, del que se sabe de sus correrías tan poco decorosas y tan bien camufladas tras la dirección de tu periódico que te atiborra la tripa de banquetazos a base de explotar, miserablemente, a quien te rindió beneficio.
De qué vas Anson si has perdido la credibilidad elemental que es la honra de tu persona más allá del artificio hecho a medida de tu fama de moralista. ¿Dónde te dejaste la honestidad y la conciencia equilibrada, mal pagador de trabajo ajeno que bien te pagan el tuyo para vivir a la sombra de una fama de prohombre que dudo merezcas?
 Déjate de pamplinas y sé honesto. Las cuentas que rindas cuando te vayas no engañan”.
 Y desperté.

sábado, 10 de marzo de 2018

La gorrinada de Luis María Anson

Fuente: Rambla Libre.com

Ignacio Fernández Candela.
Los sueños son raros pero esclarecedores. Ya relaté aquel en que Anson se travestía y Vila era empalado para acabar la extraña ensoñación con un perro que diligentemente recogía las cagadas, con perdón, junto al medallero honorífico del académico.
Ayer soñé que un cerdo bastante glotón, sonrosado como la tez de un Gargantúa estreñido, acompañaba la solemnidad de Luis María allá por donde iba. Nadie lo advertía y se hacía un lío entre las piernas del egregio periodista que ya de por sí tropezaba consigo mismo, a cuenta de una barriga prominente que entorpecía su marcha hacia los atriles de las conferencias moralizantes. Él mismo, sí, el Príncipe de Asturias a pulso merecido-quizá de otros que lo sostuvieron-; mérito supuesto a pesar de sus erráticos comportamientos personales. Y no sé cuántos más trofeos que caben en su soberbio, rechoncho y henchido orgullo, amplio como su cuerpo convenido de colesterol malo. Esos chuletones de todos los días minan la salud que no la cartera de la que ahorra dinero sin pagar el trabajo. Pillín el moralizador nos ha salido. Peor es Vila: un compendio de cara y dureza, acaso del alma. Algunos me dicen que ese lleva la maldad en la mirada. Y el infierno, añado.
El cerdo lo acompañaba sin que nadie lo advirtiera pero disimulaba el excelente, excelentísimo le queda grande en mi sueño y la realidad,-como si no fuera la pocilga con él. En una de estas idas y venidas-creo que reconocí el edificio de la Fundación Ortega y Gasset-Gregorio Marañón por la pestilencia a rancia hipocresía que me costaba soportar en ese momento del sueño-, cuál fue la sorpresa cuando de repente vi  al cerdo subiendo solemnemente a dar la conferencia, en tanto el académico se quedaba rasando el suelo como si hociqueara. Acaso rastreaba no se sabe qué premio al que sumar a los muchos acumulados-vanidad de vanidades y solo vanidad-durante su ostentosa y especulativa, a partes iguales, existencia.
Recuerdo bien antes de despertar que el animal pronunció una conferencia paradigmática y hasta parecía sincero en el discurso. Al poco desperté con la duda de quién había pronunciado ese discurso y quién rastreado el piso sin que ninguno de los presentes en el salón se diera cuenta del cambiazo. Igual, en fin, en el extraño sentido de un sueño así no había diferencia.
Luego leí su artículo en El Imparcial, donde en la poltrona presidencial aparenta ser lo que no es, como Vila, y me pareció oler a cerdada, a hipocresía rancia como la expedida mientras soñaba con la Fundación Ortega-Marañón; la misma que se quedó decenas numerosas de recortes originales de El Sol desde 1918 hasta los años de la Guerra Civil, un tesoro, periódico donde escribía sus columnas Ortega y Gasset. Se apropiaron de lo mío además de no pagarme por un intenso trabajo. Para más inri, Joaquín Vila, el periodista con cara de gangster de tebeo, ejerció  un matonismo acostumbrado -pregunten a Enrique de Diego-, cobardemente, tras la mesa de su despacho al que tiene atornillado el culo por méritos que van más allá de una profesionalidad dudosa, según muchos colegas periodísticos.
El sueño me indicaba algo y al poco leí estas hipocresías tremendas que el Anson pasa por buenas, permisivas, redundantes con su esencia profesional tan bien disimulada ya que la personal chirría o gruñe; al menos cuando yo sueño.
 Más tarde, sin saber si la conciencia me dictaba la segunda parte de un sueño en el que poder dirigirme a Anson, escondido en su despacho desde donde me leía mis centenares de artículos que le he dedicado, era yo quien le hablaba con altavoz de modo que mi voz le sanara una presumible sordera ante la demanda de justicia elemental. Creo recordar que fue así:
Luis María, Anson, majeteque nos conocemos. Se te ve el plumero y si te descuidas con esos andares de ganso hasta se te ve el culete.  Traqueteas como una máquina rota y los pantalones se te remachan cada mañana porque no cabes en tu cuerpo de tonel, de tan ricas viandas que te ventilas sin pagar a quien te las provee. ¿Dónde está lo mío sin abonar-90 artículos posicionados en primeros lugares de internet- y la disculpa por el puerco comportamiento de El Imparcial, tan digno digital, venga ya,  contra mi persona?
 Anda que si te hubieran tratado tan mezquinamente en tu trabajo, no de correveidile sino la tapadera periodística, como tú tratas a quien explotas, … Que se lo pregunten a Luca de Tena que en paz descansa lejos del tufo de la traición que otros en vida todavía, por poco tiempo, expelen. Cualquier día en un paso se te caen los pantalones a los tobillos de tanto que bamboleas tu orondo cuerpo y achicas las arterias; no sé cómo estarás absorbido de mala sangre. Algo ridículo en tan gimnástico adulador que como un contorsionista de circo te adaptas a la audiencia con tu verborreico, perdón, ditirámbico verbo para encandilar al personal. Bien sabes de la treta de la arana para llevarte al huerto al género femenino que dicen las malas lenguas, serán, te entusiasmaba desde tu poltrona de superioridad machista. ¿Por qué fuiste jurado de concursos de belleza? Solo Dios lo sabe.
Siendo tú moroso que no pagas el trabajo bien hecho, mío, ¿te atreves a hablar de equiparación de sueldos entre hombre y mujer, para poner el grito en el cielo con tan injusta afrenta durante el discurso en el Club femenino de las 25? Pelota, o más bien peloto; en todo caso un mentiroso compulsivo que vas de niño bueno, ya ves con ochenta y tantos, cuando has sido tan miserablemente travieso. Hipócrita, ¿si no pagas ni al masculino vas a pagar en femenino? Explotador sin honestidad, ¿dónde está tu conciencia?, que te crees que los demás trabajan por tu cara ajada  o la dura de Vila, el abusador evanescente cuando delira entre aromas de una afición tan consabida y etérea.
Y mira que me acuerdo de lo hipócrita de tu condición de mala baba, de palabra desperdiciada, de saltimbanqui del separatismo nombrando a Pujol español del año, y de tu cinismo recalcitrante, pura bazofia discursiva, encumbrado por no se sabe qué méritos cuajados en el despacho de las especulaciones. Méritos ¿Los habrá verdaderos? Lo dudo con la moral que me has mostrado y la poca dignidad del abuso que estilas. Tú, bien nacido, ¿hablas de igualdad de sueldos cuando eres mal pagador y aprovechado que obvias las injusticias esenciales que cometes para erigirte en juez supremo de la equiparación salarial? Cinismo es poco, lo tuyo es aberración. Joé con el Anson.
Hay que ser lerdo de espíritu, o malintencionado, o una mezcla de lo uno  y de lo otro. Con una dosis de ruindad que tan magníficamente secunda tu don nadie Vila, del que se sabe de sus correrías tan poco decorosas y tan bien camufladas tras la dirección de tu periódico que te atiborra la tripa de banquetazos a base de explotar, miserablemente, a quien te rindió beneficio.
De qué vas Anson si has perdido la credibilidad elemental que es la honra de tu persona más allá del artificio hecho a medida de tu fama de moralista. ¿Dónde te dejaste la honestidad y la conciencia equilibrada, mal pagador de trabajo ajeno que bien te pagan el tuyo para vivir a la sombra de una fama de prohombre que dudo merezcas?
 Déjate de pamplinas y sé honesto. Las cuentas que rindas cuando te vayas no engañan".
 Y desperté.