GUARRADA

guarrada. (De guarro1). 1. f. Porquería, suciedad, inmundicia. 2. f. Acción sucia e indecente. 3. f. coloq. Mala pasada. Real Academia Española
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martes, 31 de mayo de 2016

No es lo mismo tener un defecto que no ser honrado, Anson


   Una persona honrada no necesita justificarse para calmar a la conciencia, sobre todo si esa conciencia está expuesta a la opinión pública. La honra es un consejo intimista que nos obliga a la honestidad aunque no haya testigos. Luis María Anson está muy acostumbrado a actuar según quien pueda verle. Una manera muy artificiosa y bastante falsa de parecer íntegro. 

  Lo que parezca importa muy poco si no es persona que honre su florido verbo con una conducta ejemplar, a la altura de tantos honores y prebendas humanistas como ha recibido.

http://guarradaelimparcial.blogspot.com.es/2016/05/soy-mas-honrado-que-anson-y-vila-con.html 

  Quizá se le calme la conciencia diciendo que hasta él mismo tiene defectos; pero me gustaría no tener que recordarle que la falta de integridad y de ética, prescindiendo de toda moral, no es un defecto sino una canallada rastrera.

http://guarradaelimparcial.blogspot.com.es/2016/05/un-atisbo-de-conciencia-en-anson.html 

  Me gustaría no tener que recordárselo pero lo hago: no hay discurso que justifique ser un ladrón de trabajo ajeno y un abusador; con el agravante de una posición profesional y personal usada para explotar sin escrúpulo alguno. No es decente. Además de ser cuestión de cobardes no deja de ser una guarrada inmoral. 

  Por mucho que la oratoria pretenda disimular la falta de vergüenza para reconocer lo que está mal y atufa a inhumanidad, cuando se yerra uno ha de tener la dignidad de reconocerlo. En tanto, los actos insanos describen lo hipócrita.

  La fama es un capricho volátil que depende de las actitudes. Todo es susceptible de volcarse en contra de quien engaña a una sociedad y pretende disimularlo. La gente no es tonta. Una sola piedra arrastrada puede provocar un alúd.

  Conviene ser honrado por lo que pueda suceder, por si el destino decide que cada cual recoja sus siembras. Las de Anson en mi caso no están siendo nada pulcras.

lunes, 23 de mayo de 2016

¿Por qué le cuesta ser honrado a Luis María Anson?


    Honrado en mi caso. De Joaquín vila era de esperar, sin duda, ya le precede la fama y no engaña el espejo del alma ¿Pero algo así de sucio por parte de Luis María Anson? A no ser que desvinculemos la apariencia del personaje de la realidad de sus actos, es difícil comprender que un Premio Príncipe de Asturias de Humanidades se comporte de este modo tan absurdo y censurable.


 Desgraciadamente, durante décadas se ocultó la verdad de tantos personajes falseados y estamos comprobando en lo social, político e institucional que en España nadie es lo que parece.

  La consciencia de la honradez es un estímulo para las personas que procuran dirigir sus vidas con rectitud moral. Es sencillo ser honesto con uno mismo y honrado con los demás cuando no puede ser de otra manera, a pesar de los perjuicios que causa la integridad personal en un mundo plagado de tramposos y desalmados.

Soy más honrado que anson y vila juntos. Pruebas. 

  La persona que es honrada está inspirada por una fuerza superior a la consciencia del provecho o de la ambición. No puede pedirse honradez a quien no es honesto consigo mismo, ya sea por la imposibilidad de la reflexión sobre la moral individual que atesora los valores de la persona que la considera o por la ceguera de la vanidad que oscurece el sentido de la existencia hasta convertirlo en un instinto parasitario, al servicio de uno mismo, sin importar los modos de llevarlo a cabo.


  Cuando pienso en la innecesaria muestra de necedad que supone para Luis María Anson aprovecharse tan rastreramente del trabajo ajeno y seguir las directrices de un inicuo Joaquín Vila, comprendo la dimensión ilimitada de la soberbia que es capaz de destruir los logros de una vida por seguir los designios equívocos de la deshonestidad. Porque no es fácil ser honrado si uno no lo es ni quiere parecerlo.

 Este mundo de doblez está plagado de intereses artificiosos convirtiendo un gesto de aparente grandeza en un instrumento taimado de representación pública que engaña a la sociedad. Si Luis María Anson no está siendo honrado en mi caso y tampoco parece que le importe no parecerlo, es porque está acostumbrado a negociar con la humanidad, con el espejismo de la pulcritud moral y , si le conviene, con el ejemplo de honradez que no avala sus discursos ahítos de compromiso social. Todo espejismo del alma y de la individualidad terrena.

  Si no saca réditos del gesto humanitario, si no se engrandece alimentando la vanidad, su conciencia es un conjunto vacío donde no importa aparentar integridad personal, pensando que no hay testigos de su indiferencia en esa perspectiva encumbrada desde donde divisa su mundo egotista.

  A Anson le cuesta ser honrado y reconocer el dislate moral de provocar el espantoso ridículo de una hipocresía descarnada, sencillamente porque no hay rédito del que aprovecharse con una actitud de integridad personal y real; no fingida, ni teatralizada. El académico ha vivido toda su vida para honrar su ego y se ha complacido en parecer un benefactor social usando la necesidad ajena para lucrar sus ambiciones. Esa es la conclusión para intentar entender tanta falsedad demostrada.

 Por eso no se pronuncia con honestidad ni honradez. No le importa la justicia ni la ecuanimidad. Solo se importa él y yo no entro en su mundo ni en la conciencia. Donde no hay, es imposible encontrar.

Los puercos y deshonestos comportamientos de la Fundación Ortega-Marañón. 

  En El Imparcial.es y la Fundación Ortega-Marañón solo hay egos de la misma tesitura ética. Egos vacíos, sombras de una condición humana muy insana. Con lo fácil que es ser como Dios manda si el demonio de la egolatría no estrangula a sus confiadas víctimas... 

En Luis María Anson la corbata se parece a una soga que le asfixia, cuanto más se embute en esos trajes de dignidad que se le quedan pequeños según sus obras poco insignes. Más habría conseguido de haber acallado sus inacabables presuntuosidades y ser humano, sencillamente. Pero ya se dijo que los últimos años de la vida para muchos es como un baile de disfraces donde caen las máscaras.

  En cualquier lugar del mundo, alguien que dice una cosa y obra lo contrario es un hipócrita o un deshonesto. No era esperable en el ilustre académico que me dijo que ya lo había hecho todo en la vida... por lo visto aún le faltaba algo más.

 ¿Cómo entender este exabrupto detestable de la guarrada de El Imparcial.es?: Anson solo se respira a sí mismo, no cabe de gozo en su ego complaciente donde no cabe tampoco la sabiduría, la honestidad y la honradez de reconocer errores de bulto que acabarán pasándole factura. En Anson tan hueca es la vanidad como densa la maldad de Vila. Buen complemento para la inobservancia de la ética personal y profesional.

jueves, 19 de mayo de 2016

Soy más honrado que Anson y Vila, con creces. Prueba.


  Puedo dar gracias a Dios por conservar, después de múltiples vicisitudes en mi vida, la capacidad de discernir con limpia conciencia lo que está bien de lo que está mal y obrar con honradez haya o no haya testigos de mis actos. En este mundo todo es muy confuso porque el Diablo sabe disfrazarse de buenismo y piedad para dar el pego. Como los de El Imparcial.es y la Fundación Ortega-Marañón, teatreros de la intelectualidad sin conciencia.

 Es normal que en este país donde tantos aprovechados campan por sus respetos con aires de dignidad, se acostumbren a obrar con deshonestidad  y lo tomen como un modus operandi de proyección personal perdiendo toda orientación sobre cuestiones morales u obligaciones éticas. Porque obligarse uno mismo a ser honrado es la clave para no dejarse llevar por la tendencia de la codicia, la vanidad, la estupidez del engreimiento y la tentación de transformarse en un hipócrita carente de la necesaria autocrítica para vivir con ecuánime criterio de justicia y equilibrio civilizado.

 Estoy seguro de que no estamos aquí por casualidad y de que hay un propósito oculto a la ignorancia humana. La evolución espiritual  es proporcional a los esfuerzos de las personas por aprender de las lecciones de superación. 

  En esta carrera mundanal hay una aparente desventaja en el aprendizaje y la evolución del alma,  porque siempre hay ventajistas que no contemplan ser mejores personas a medida que escalan, de cualquier modo, la montaña de las ambiciones egotistas. Creen ser ganadores pero en la meta de la muerte todos los oportunistas se rasan con el suelo de la tumba que entierra los restos, como si nunca hubiesen existido. Las obras no materiales serán entonces las que contarán para tantos confiados e ignorantes que se creen los reyes de este mundo idiotizado y plagado de participantes por el poder y la influencia que terminan, destino es desde el nacimiento, convertidos en polvo. Al otro lado todo continúa con un modo de existencia que a más de uno le hará crujir los dientes del alma.

 Una especie de bruxismo fantasmal padecerá el infame Joaquín Vila, sin duda, pero tampoco se librará el sabelotodo de Anson.

 Yo soy mucho más honrado que Luis María Anson a tenor de sus vergonzosas actitudes en este caso que denuncio. Siempre lo he sido en este laberíntico transcurrir de la existencia con tanto hipócrita a mi alrededor. Sirva de ejemplo la anécdota sobre la honradez que protagonicé, inexcusablemente, en un comercio de accesorios para motorista de Madrid, llamado Motocard, sito en la calle Bravo Murillo:

   El verano del 2014 mi novia se había marchado a Lanzarote con unas amigas y yo me quedé en Madrid trabajando. Decidí darle una sorpresa yendo a Motocard para comprarle unas botas y unos guantes de primeras marcas. 

 Me acerqué un sábado con la moto aprovechando una estupenda tarde de verano y realicé unas compras por valor de 400 euros. Adquirí dos pares de guantes, unas botas para ella, todo de la marca Alpinestar. Del mismo modo, al no llevar ninguna bolsa donde poder trasladar lo comprado, elegí una mochila Alpinestar con un valor de 90 euros.

  Cuando llegué a mi casa, revisé las adquisiciones y miré la factura. Comprobé que estaba todo correctamente cobrado pero advertí que la mochila de Alpinestar no estaba abonada, seguramente porque debieron pensar que llegué con ella y que era de mi propiedad. Así pues, a la semana siguiente fui a la tienda con mi novia.

-Buenas tardes, el otro día os hice una compra por valor de 400 euros, pero hubo una confusión.

El encargado me escuchó y a medida que iba hablando su cara de estupefacción fue acentuándose hasta convertirse en un rictus de incredulidad. No daba  crédito a lo que estaba viviendo en este mundo con tanto sinvergüenza suelto.

-Por lo visto, al pasar por caja con todos los productos y después de atenderme Lucía, una de las dependientas, debiste pensar que la mochila de Alpinestar era mía cuando, en realidad, la cogí también para poder trasladar en mi moto la compra. Como me tengo por persona honrada y lo soy, vengo a abonarte la mochila de 90 euros que no se me cobró.

 El encargado no disimulaba su sorpresa y procedió a cobrarme la mochila con una deferencia del 20 por ciento de descuento. 

 Triste es que algo tan normal en mi vida tenga que tildarlo de anecdótico. A diferencia de los depredadores, interesados amorales y tramposos, siempre he procurado que mi mano derecha no supiera lo que hace la izquierda. No obro bien porque me vean, sino porque soy honrado. Contarlo hoy es porque viene al caso el agravio comparativo.

 Unos tanto, sencillamente sin más porque es lo honrado, y otros sinvergüenzas tan poco. Ni El Imparcial.es, ni la Fundación Ortega-Marañón, ni ningún aquelarre sectario de oportunistas con esa doblez moral que les apesta, me llegan a la suela del zapato en honra.

  Ahí queda eso para restregar a la jeta de miles: de tan insignes hipócritas aferrados a la estulticia de sus influyentes egos; ridículos como codiciosos intelectuales de postín, moralistas de juego sucio como los trileros; vergüenzas personales y corporativas como ejemplos pútridos de deshonestidad capaces de explotar y abusar del trabajo honrado de los demás. Desperdicios del alma.  Unos tanto y otros tan poco con estos ruines de la avaricia que cuanto más consiguen, más desean prescindiendo de éticas o moralidad de la que otros somos incapaces de carecer.

 Afortunadamente, nunca seré tan simple, insensato, rastrero y falso como millones de ventajistas e ignorantes en este mundo, cuajado de farsantes que jamás aprendieron nada sobre la verdadera integridad personal. Nunca. Esos tramposos ya lo pagarán; ni uno se escapa.