GUARRADA

guarrada. (De guarro1). 1. f. Porquería, suciedad, inmundicia. 2. f. Acción sucia e indecente. 3. f. coloq. Mala pasada. Real Academia Española
Mostrando entradas con la etiqueta parasitación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta parasitación. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de julio de 2016

De haber sido Anson y Vila honrados, este artículo estaría en El imparcial.es

(Disculpas por los quién con aecnto. La imagen no es mía).

  Pero no lo son. Han salido ranas en eso de las cuestiones éticas; tan deficientes cuestiones en ellos y en la comparsa que jalea las verborreas moralistas de falaces y ruines cicerones, vayan ustedes a saber con qué estrategias poco confesables fueron adquiridas las famas y los premios. Por lo que a mí respecta han demostrado ser indecentes, deshonestos, carentes de ética y por lo tanto también de la dignidad y del ejemplo en la integridad. Son representantes del honor perdido por la ruindad de sus actos,  pese a los vítores de los cegatos que los secundan y les siguen el juego de la apariencia. Son del submundo de la hipocresía y la indecencia. Robar el trabajo ajeno es propio de esos parásitos sin escrúpulos que terminaban colgados boca abajo de las farolas durante las revoluciones sociales. Esos ya no se meneaban después de pasar por la justicia de un pueblo harto de abusadores.


 De haber dado con gente mínimamente honrada, este artículo que reproduzco estaría en El Imparcial.es, valorado monetariamente por estos jetas que se embolsan con aires chulescos y estafadores el trabajo honrado que ellos no desarrollan, salvo en el estéril escenario de sus hipócritas morales personales y profesionales.


 De haber tratado con gente normal no estaría denunciando estas guarradas típicas de la miseria abusadora de individuos con poca entraña. Pero inopinadamente di con este nido de parasitación y en consecuencia los muestro como son. Con la certeza pútrida de sus actitudes propias de indeseables. Explotadores, ladrones de trabajo ajeno, cínicos, aprovechados y tramposos de juego sucio. Todo demostrable y demostrado pues no hay vocablo injustificado que no los defina fehacientemente.

martes, 15 de marzo de 2016

Exterminar la parasitación social de los abusadores


  Una infección se puede combatir con mayor o menor éxito pero es cuestión de tiempo que se reproduzca si no se ataca directamente al núcleo del problema. Una vez localizado el foco habría que exterminarlo, padre.

   Es lo que sucede con una farsa democrática donde los sinvergüenzas influyen en el devenir político y socio económico del país, disimulados los oscuros personales con los claros públicos que son comprados sin dignidad para precisamente aparentarla en ausencia de ella.

  El exterminio de los males de nuestra sociedad debería arrancar de cuajo las malas hierbas que radican en la hipocresía, la explotación, la repugnancia del abuso y la impunidad de los malnacidos. Bueno sería sacrificar los males exponenciales en la justificación de realizar un bien común. De ahí nacen las revoluciones, del hartazgo de los que con pútrida influencia explotan a sus semejantes sin menor atisbo de escrúpulo. Los tiempos de convulsión deberían conllevar la limpieza de esas suciedades que en tiempos de paz campan por sus miserables respetos. De vez en cuando es conveniente una limpieza sistemática de los abusos y la erradicación de sus parásitos.

  Ya basta de languidecer por el execrable egoísmo de seres que no aportan a la vida más que el sustento que se comen los gusanos cuando están muertos. El resto de las existencias en estos rufianes es apariencia benéfica tras la que laten almas endemoniadas, hipócritas y dañinas, surgidas del averno con imagen de humanidad. 

(Conversación de Tomás con el sacerdote Andrés. Fragmento de la novela: La pequeña puerta del Cielo (2011). Editorial Pelícano. EEUU.