GUARRADA

guarrada. (De guarro1). 1. f. Porquería, suciedad, inmundicia. 2. f. Acción sucia e indecente. 3. f. coloq. Mala pasada. Real Academia Española
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martes, 10 de mayo de 2016

El desfasado y repipi Luis María Anson


  Ese refinamiento hipócrita que dice y hace lo contrario, se lo debe a una  infancia simplona y consentida, seguro. Me importa poco que sea un cursi cuando hace la pelota y adula a cuantos pueden proveerle de algún beneficio. Por mí que le den todas las migas que echan los amos después del banquete. Pero sí me importa que sea honrado y no un aprovechado de mi trabajo con un inexistente código de ética personal y profesional; igualito que el de Joaquín Vila, vilita.

 Luisma Anson ya no da la talla humana mostrando esa cara canallesca de la explotación laboral, silenciado ante la flagrante injusticia que le beneficia rastreramente con incomprensible avaricia: tampoco la periodística desde que se le conocieron las estrategias bastante oscuras para prosperar pisoteando a colegas del gremio.


 Es obvio que por la mala siembra de sus personalistas tejemanejes su palabra está ya enterrada antes que su cuerpo. El siglo XXI no le ha sentado bien a este listo de verbo florido y méritos adquiridos bajo cuerda en los secretos despachos de la construcción de una democracia con muchos puntos oscuros que él no desconoce. 


 Estando en esa vejez cómoda de quien vive de las rentas de una explotación similar a la que ha practicado con mi trabajo-en todos los niveles que la moral desorientada procura a quien prescinde un poco de los detalles éticos-, sus artículos no solo carecen de credibilidad por la ausencia de obras honestas que refrenden la palabra, sino también por la trayectoria profesional que no pocos periodistas ponen en cuarentena; premio Príncipe de Asturias incluido, o su academicista ñ minúscula de la RAE de la que ya algunos sospecharon en su momento que era otro pago añadido por no se sabe qué servicios prestados a poderes en la sombra.

 Anson está pasado de moda con estilo repetitivo-será que chochean las neuronas-y cursi. Un modo de escribir que no ha variado desde que ya intrigaba en tiempos del franquismo haciendo la pelota a Don Juan o arrimándose al incipiente juancarlismo. Arrimado también a todas las influencias que emanaban de una democracia hecha al antojo de algunos engañadores que durante décadas montaron kioskos personales multimillonarios, saqueando silenciosamente mientras pudo durarles el chanchullo socio político; décadas antes de que las diferentes crisis que debemos a gente como Anson y a cuantos han pergeñado desde las sombras la ruina de los ciudadanos aparentando ser dignos, terminaran aniquilando la prosperidad por la que millones de españoles trabajaron para quedarse al final sin nada. 


 Mucha gente piensa que Anson es un mediocre con méritos inflados. Hace tiempo que está jubilado aunque su perenne devoción al ego le mantiene a base de que le loen en El Imparcial.es sus muchos logros, adulando al merodeador del enriquecimiento bajo sospecha con unos usos de honestidad que bien puedo decir yo , por mi experiencia personal, son impresentables.

El académico por méritos propios, seguro, puede estar desfasado y parecer un cursi redomado. Su tiempo ha pasado y solo le queda la perspectiva de una tumba pero habría sido mejor que a pesar del transcurso del tiempo que borra la huella de la necedad humana, hubiese atesorado valores intemporales que sobreviven al personaje una vez fenecido, si la honradez ha acompañado una trayectoria personal.

  Desgraciadamente, Anson está degradado hasta en esa  honra que estilan los caballeros del pasado y los hombres del presente y del futuro; los verdaderos hombres: la de la honestidad que dicta a la conciencia hacer lo correcto  aunque nadie lo vea.

 El día que Luis María Anson se quede sin su público bobalicón y parasitariamente agradecido-como los canes rabiosos que ha alimentado-se revolverá bajo tierra cubierto de ego y soledad. 

Tan desfasado como olvidado. Vanidad de vanidades y solo vanidad.

martes, 23 de febrero de 2016

Pague, tramposo Anson, por Charneguet (Escritor)



  Mis once libros publicados, más el que pronto estará editado, me han granjeado amigos de inspiraciones literarias que juzgan como inadmisible la pretensión explotadora y parasitaria de El Imparcial.es en esta Guarrada, incalificable en verdad, que llevo denunciando ya para tres meses con gran influencia en Internet. Puedo asegurar que no hay periódico, medio de comunicación y periodistas de renombre que no tengan noción de lo que está pasando. Ya me encargo de ello sembrando información.


  Las personas honradas critican estas actitudes estafadoras del periódico digital donde escribí durante casi dos años. Todas coinciden en corroborar que hay que ser muy guarros para cometer estas guarradas. Amigos en acuerdo de todas las ideologías y pretensiones políticas que les caracteriza no andarse por las ramas a la hora de tratar con gentuza y llamar a las cosas por su nombre. 

  En este caso Charneguet que escribe este texto, es de convicciones izquierdistas, pero tiene en común con los de convicción liberal ser una buena persona harta de latrocinios y caraduras encubiertos con honorabilidades inmerecidas. 

  Puedo estar de acuerdo o no con sus ideas políticas pero siempre hemos comulgado, desde distintos prismas, con la observación de la honradez y la honestidad proceda de donde proceda. Como Dios manda.

                                              
                                            ESCRITO POR CHARNEGUET

Lo que a mi amigo Ignacio le están haciendo en "El Imparcial.es" tanto el señor Anson como sus adictos garbanceros, presenta unos perfiles tan chuscos y barriobajeros que a los de Palermo o Corleone los hacen santos. 

  A uno que de por sí es bastante receloso cuando se conceden honores rimbombantes según a quién, -al señor Anson le concedieron el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades-se le confirma aquello de dime de qué presumes para saber de qué careces. Un dicho que en el señor Anson alcanza su máxima expresión. Dar esa distinción a un huele bragas solo porque fue un servil palanganero a la causa monárquica, me parece, no ya un exceso, sino un solemne disparate.

 ¡Qué bajo cayó la comision de expertos de la fundacion!... Es como si le dieran el premio de medicina al bacilo que produce la tuberculosis. 

 Pague lo que le debe al señor Fernández Candela, señor Anson. Pague sus 90 columnas o devuelva un premio del  que de ninguna de las maneras es acreedor. Porque si guarros son quienes hacen guarradas, tramposos son quienes hacen trampas. Y usted lo es, señor Anson.

lunes, 1 de febrero de 2016

En España, ni Anson es quien parece ser


  España es un país donde los sinvergüenzas han proliferado en olor de multitudes. No es culpa solo de los que admiran con poco tino a los estafadores que la han llevado hacia la ruina institucional, política y económica, sino también de los grandes actores del esperpento español que han mostrado sus mejores caras ocultando los defectos con una hipocresía muy común en la idiosincrasia de nuestro pueblo.

  Cuesta creer que una relación tan correcta con El Imparcial.es,  desde el principio mera apariencia por lo que se ve, haya degenerado en una muestra de parasitación e iniquidad que encarna a la perfección Joaquín Vila, un director de periódico que por la cara impone un despotismo arraigado en la carencia moral y en la deshonestidad sostenida que pone en tela de juicio ya no la profesionalidad de él mismo sino la del propio Luis María Anson y la Fundación Ortega-Marañón.

  El concepto que yo tenía del académico, antes y después de conocerle personalmente, era respetuosamente satisfactorio. Pero después de tratar durante años a hombres públicamente descollantes del panorama socio económico español, con la implícita decepción que conllevó descubrir que no es oro nada de lo que reluce, me he visto obligado a meter en el mismo saco de las desvergüenzas a un Luis María Anson que no es ni de lejos lo que parece. 

 Basta saber de estos prohombres en la cotidianidad de sus esencias personales para desmontar la farsa teatral que desempeñan cuando actúan, sabiéndose observados por el ojo crítico de la sociedad donde medran disimulando las actuaciones que los definen verdaderamente.

  La guarrada provocada por El Imparcial.es no es un hecho puntual y aislado sino una demostración generalizada de la desvergüenza, la falsedad y la falta de ética que se estilan en quienes la han protagonizado.

  Los caraduras no pueden ocultar lo que son tras el discurso falaz cuando las acciones de su inmoralidad sobrepasan la fama de las falsas apariencias. 

  Anson está mostrando esa cara del aprovechado que es tan necio como para seguir mostrándola despreocupadamente mientras se arranca la máscara del honor. Un día se mirará en el espejo de la conciencia y verá horrorizado su propia faz, la cínica y desalmada, que ignora el valor de la decencia sellados sus labios ante la flagrante injusticia. Su premio Príncipe de Asturias es como ese talento de la parábola que el avaro entierra para dar cuentas a su Señor. 

  Un premio sin ejemplo es un valor inexistente, un regalo inmerecido, un disfraz con el que considerarse desnudo, acaso mal tapado por la propia vergüenza. La apariencia engaña y lamento que también con Anson. Quizá despierte de su quimera tan honorífica para tener el detalle de ser sencillamente honrado. 

  Quisiera creer que todavía hay algo de esa humanidad de la que puede presumir por su premio Príncipe de Asturias, aunque haya escaseado hasta ahora el ejemplo.

Procede una disculpa por esta barrabasada y un justo pago por un trabajo aportado durante casi dos años, semana tras semana. Es tan evidente que no cabe argumentación sino la actuación honesta de los responsables, sin más.