GUARRADA

guarrada. (De guarro1). 1. f. Porquería, suciedad, inmundicia. 2. f. Acción sucia e indecente. 3. f. coloq. Mala pasada. Real Academia Española

lunes, 11 de julio de 2016

¿NO HABRÁ CORRUPCIÓN EN LA DGT? Artículo que fue a diana en febrero de 2015


 La sombra de la corrupción planea bajo sobre las cabezas de los responsables de la DGT. Ya en febrero del 2015, ante la estupefacción de muchos, advertía que María Seguí y compañía no eran trigo limpio.

 La corrupción salpica a María Seguí en la DGT.

Los trapos sucios de María Seguí en la DGT. 

 Escribir en un periódico de forajidos demostrados, ladrones de trabajo ajeno, parásitos sin escrúpulos, miserables sin ética... en definitiva guarros sin moral que se aprovechan del esfuerzo de los demás, fue el único error que cometí al publicar mis muy acertadas y ciertas columnas que adelantaban los acontecimientos que han sucedido después.

http://www.elimparcial.es/noticia/147705/opinion/ 

  Esta columna, como muchas otras, cosechó cientos de "me gusta" en Facebook que el ruin tramposo-de juego sucio y de cara granítica, dura como el alma-vila, se encargó de borrar, como he demostrado también con pruebas. 

http://guarradaelimparcial.blogspot.com.es/2016/01/respuestaborracho-de-joaquin-vila-y-mi.html 

  Todo lo demuestro y ratifico con sólidas pruebas sin calumniar, pues digo la verdad, y sin injuriar llamando a cada cuál por lo que califica el rastrerismo de sus puercos actos. Joaquín vila se muestra como un profesional del engaño, un mangante y estafador que birla el trabajo de la gente honrada. Sus premisas morales lindan con la delictiva actuación de estafadores que penan sus delitos en la cárcel. Un aprovechado así no podía valorar unos artículos que escribí acerca de la corrupción en la DGT que el tiempo ha corroborado, siendo yo el primero en la prensa nacional-como en otros temas que traté- que advirtió sobre los sucios tejemanejes que afloran en la institución dirigida por María Seguí.

  Lástima de que diera con gente tan poco honrada en la intención y la actuación como son Anson, Vila y los responsables hipócritas y sectarios de la Ortega-Marañón. Ya se sabe lo que se dijo de las perlas a los puercos hace 2.000 años con plena vigencia en la actualidad.

http://guarradaelimparcial.blogspot.com.es/2016/04/los-puercos-comportamientos-de-la.html 

 Siempre he ayudado en carretera durante mis treinta años de conductor atendiendo accidentes,  incluso salvando alguna vida in extremis, la última vez sacando a una chica del coche que empezó a incendiarse después de estrellarse en la A-2 dirección Madrid, pero si encontrara a vila moribundo, desangrándose, echando las tripas por la boca,  obraría en consecuencia con la humanidad debida que merece y que él da. Sería así humanitario con el mundo que padece elementos de este cariz maligno, siendo tumores andantes que hay que extirpar de la sociedad si queremos justicia verdadera.

TRIBUNA

¿No habrá corrupción en la DGT?

El Consejo de Estado se tomó a mofa y befa la ocurrencia de limitar la velocidad peatonal y, aparte de la irrisoria ridiculez de tan inefables señores de la DGT, cabría preguntarse si una revisión mental de algunos miembros del organismo sería conveniente por el bien de los sufridos conductores que se sienten, literalmente, perseguidos. Aunque quizá no sea cuestión de sanidad psicológica lo que puede explicar el acoso y derribo constante contra millones de personas, sino de la sanidad moral tan ausente en los representantes de algunas administraciones públicas. No tienen límite y se nota cuando sueltan majaderías que fuera del ámbito del despacho harían enrojecer a cualquiera con dos dedos de frente.
No es para tomarse a risa que atenten contra nuestros bienes de modo tan rastreramente inquisidor. ¿A qué velocidad dice la DGT que ese factor mata? Impreciso, deliberadamente impreciso. Eso de la velocidad variable en autovías o autopistas suena a estafa consentida. Tan pronto a cien, como ochenta, a noventa y a capricho del lumbreras que nos obliga a mirar más el velocímetro en tramos cortos que atender a la conducción.
Después de unas décadas en que nos dejaron creer que vivíamos en una democracia, eso parecía, era previsible que un inescrupuloso funcionario impusiera normas incoherentes e intolerantes como excusa de seguridad para esquilmar los bolsillos de los ciudadanos. Tráfico era una mina sin explotar velando por la seguridad nada más y los políticos-los mismos que han llevado a la ruina todo un país- hallaron el modo de sacarle rendimiento a costa de los conductores.
Cumplir las normas es de obligado requerimiento pero en la velocidad se encontró el comodín para recaudar a destajo con el cínico pretexto de la seguridad.
Así fue que los radares se convirtieron en el invento ideal para incrementar la recaudación de manera proporcional al despilfarro de las administraciones. La metieron doblada porque aquí tenemos tragaderas de serviles pagadores y no protestamos de verdad. Pere Navarro inauguró la panacea recaudatoria por encima de la coherencia de la conducción que debe regir cuando millones se enfrentan con pericia a la exigente labor de dirigirse por la carretera. Aquel ínclito inaugurador de un saqueo legalizado salió de rositas siendo culpable de muchas muertes haciendo creer, desde la supina y ensoberbecida ignorancia, que conducir una moto de 125 cc era pan comido para cualquiera con carné de coche. Imponía limitaciones de velocidad cuajando de radares el país mientras el caradura excedía los límites, cómodamente apoltronado en el asiento trasero de su automóvil oficial con chófer. Impresentable.

Luego otra catalana más, de manos del Partido Popular, tomó el relevo y superó en coerción la política de acoso y derribo convirtiendo la carretera en un suplicio de difícil comprensión y con tendencia a la extrema inadaptabilidad de un medio de por sí exigente y que parecen desconocer los responsables de la DGT.

Criminalizar al conductor por haber ejercido una actividad experimentada durante décadas fue sólo cuestión de campañas de concienciación, de lavados de cerebros para convertir en delitos lo que ni siquiera en una dictadura franquista se consideraron como tales.
La velocidad mata fue el lema y a partir de ahí llegó la excusa para combatirla con radares que en principio dijeron de anunciarse, para hoy haberse convertido en una plaga de picaresca al servicio de las arcas municipales, autonómicas, provinciales y centrales, escondidos los agentes como vergonzantes y hasta ridículas aves de rapiña. Pajarracos voladores vigilan que un solo kilómetro de exceso sea motivo de sanción con 100 euros y si no los radares de tramo o los escondidos tras los árboles dan cuenta de cualquier despiste que obliga a tener la mirada fija en el cuentakilómetros desatendiendo la concentración al volante de un coche o ante el manillar de una moto. La culpa no es de agentes subordinados y obligados a ejercer de asaltantes, sino de los que mueven los miserables hilos de la coerción contra millones de indefensos conductores. Las alimañas políticas encontraron una excusa perfecta para robar al ciudadano lo que despilfarraron estafando de manera más disimulada. Ahora mangan con absoluto descaro e impunidad. No todo debería valer.
Lo que sucede con la imposición recaudatoria de Tráfico es un exponente de los caprichos del sometimiento si algunos listos hallan razones peregrinas para coartar la libertad hasta lo extravagante… basta que a un idiota se le ocurra advertir sobre los riesgos de cualquier actividad corriente y asumida para que terminen criminalizando lo que les venga en gana. Así se imponen las dictaduras. No hay más que recordar aquella medida zapatética que pretendió multar a los fumadores que encendieran un cigarro a menos de cien metros de un parque. No soy fumador, pero advierto cuándo pretenden fumarse nuestras elementales libertades.
Lo peor es la aceptación de ocurrencias por esa comparsa de despachos que sólo parece conocer la circulación desde el laboratorio teórico, basándose en impericias e incapacidades propias. Criminalizan desde la ignorancia y se creen lo que les dicen… como lo de aquel vergonzante estudio sobre el cataclismo perceptivo a partir de 130 km/h... Tontos auténticos, en país de tontos afectados nos hemos convertido con falsas moralinas de última hornada.
Las incongruencias se suceden como para pensar seriamente en una revisión mental de semejantes ocurrentes. Permitir la circulación de bicicletas por el arcén de las autovías y prohibirlo por baja velocidad a los ciclomotores es una idea que da cuenta de un bajo nivel de inteligencia digno de análisis.
No contentos con la calzada se atreven con lo que circula por las aceras. Lo de limitar la velocidad del peatón es una solemne memez discurrida con ánimo de recaudar en pro de fantasías sancionadoras sin límites. La Historia demuestra que cuando dirigen memos, la memez es obligada en las decisiones que atañen a todos. Tragamos casi todo, pero esto pasa de castaño oscuro cuando la vida peligra precisamente por hacer caso de aquellos que dicen que cuidan de ella. En Tráfico el asalto se ha impuesto con sello legal. Una mayoría de votantes coinciden en ello sin considerar ideal político: estafan sin punición. No extrañe que algunos depositen su voto en función de la evidente impresión que recibe de organismos como la DGT y gente como María Seguí.
Millones de conductores se sienten acosados y temen emprender cualquier viaje, o mover el vehículo por la ciudad, que les escamotee sus ya mermadas economías. Los acosadores permitidos no encontraron mejor pretexto que alegar por nuestra seguridad. Y digo yo que es mentira deleznable. Si fuera por nuestra seguridad, habrían limpiado, por ejemplo, aquella curva que nos provocó un accidente en motocicleta y que pudo costarnos la vida para después pasar por una dolorosa curación. Curva saturada de piedras, cristales y arenilla que seis años después no se ha limpiado porque nadie se responsabiliza de lo que parece ser, tal cual, tierra de nadie, cuajada de restos de coches y motocicletas que siguen cayendo en la trampa asfáltica. Sucede lo mismo con los llamados puntos negros… inamovibles. Pueden pues, perfectamente, meterse la seguridad por donde les quepa a estos hipócritas señores del acoso por nuestra protección.

No puede ordenarse el tráfico desde un despacho ignorando la naturaleza básica de la actividad de conducir y desconociendo los factores, los verdaderos, que influyen en los usuarios de la vía. El caos se ha trasladado a las carreteras y los conductores perciben una insaciable voracidad recaudatoria que ha convertido a la Policía Municipal, Autonómica y a la Guardia Civil, en esbirros de una administración despótica y evidentemente saqueadora cuyo fin primero es la ilógica imposición bajo el apercibimiento continuo, criminalizando al ciudadano indefenso y desconcertado.
Hoy en día no se está atento a la carretera, ni a las condiciones del tráfico. Jamás se habían mirado los cielos o las cunetas para conducir. La DGT ha transformado el asfalto en un cebo generalizado y estos funcionarios se han pronunciado con tan ignorante despotismo que no parecen haber estado jamás a los mandos de un vehículo. La desatención mata y muy seguramente que la decisión de estos tecnócratas, basada en el victimismo como excusa para el saqueo, provoca muertos que hasta ahora eran inexistentes en el asfalto.
Las responsabilidades penales deberían ser consideradas para los responsables de la DGT que no asumen el verdadero compromiso de la Seguridad Vial con un estado de las carreteras deplorable. Juan Carlos Toribio, Motorista de la Guardia Civil, verdadero conocedor de las condiciones de la conducción, denunció la hipocresía y el cinismo sangrante de los responsables de Tráfico siendo presionado y coaccionado para que callara las verdades que denunciaba. La gente piensa que la DGT funciona como un clan de extorsión pública con el silenciamiento de sus expertos en carretera, los verdaderos.
¿Así que la velocidad mata? ¿Qué velocidad? No hay nada más peligroso para conducir que el hastío, la desconcentración por el paso de los kilómetros a velocidades excesivamente mermadas para trasladarse en largas distancias, con el peligro de dormirse a los mandos del vehículo o sucumbir bajo el calor del estío o la dureza invernal cuando se viaja, por ejemplo, en moto. Cinco millones de usuarios sobre vehículos de dos ruedas tratan día a día con la desfachatez de una DGT que obvia trampas asfálticas con las que sí se juegan la vida. El instinto de supervivencia se merma condicionando de manera rastrera las imposiciones contra la vital seguridad.
Existe otra realidad constatable si se conduce cotidianamente. El 85% de los conductores sobrepasa las velocidades impuestas porque la circulación fluida y razonable ve absurda la reducción. Casi nadie respeta esos límites que ignoran las verdaderas características de la conducción, las mismas que han regido durante más de medio siglo para que lleguen burócratas a imponer las suyas propias del todo incoherentes, en algunos casos necias y permanentemente peligrosas. La experiencia responsable en la mayoría de los conductores supera con mucho las restricciones absurdas.
En Alemania se puede circular a velocidades sin límite en las denominadas autobahn, siendo extrema comparación que nada ha de ver con España. La velocidad no mata sino la impericia por desconocimiento de la experiencia de la conducción. Trazar una curva, dominar el comportamiento de un vehículo en diversas condiciones, normalizar la experiencia de conducción a través de millones de kilómetros, no mata cuando la experiencia es un grado de evolución para llevar a cabo con seguridad la actividad en la carretera. Mata la falta de experiencia para ir por encima de las posibilidades, pero no se puede criminalizar al conductor que sabe manejarse con seguridad y en condiciones experimentadas que superan con mucho las estrictas limitaciones de quienes desconocen la experiencia de la carretera. Pretender que circulemos con vehículos de sobrada seguridad y con el grado de la experiencia que dan millones de kilómetros durante décadas como si circuláramos por un circuito de karting para niños, es para millones una mamarrachada sólo a la altura de impresentables acosadores que no parecen tener ni repajolera idea de conducir en el medio diario del transporte sobre ruedas.

La DGT no puede conducir por nosotros, sencillamente porque sus funcionarios de despacho no parecen haber practicado jamás una conducción verdadera, responsable y sin alarmismos. Un catedrático de seguridad vial es un cateto ante cualquier experto conductor. La única asignatura verdaderamente eficaz es la experiencia. Ningún teórico debería ser llamado experto.
La impresión sobre la intransigencia recaudatoria que percibo en la calle es que la DGT está llena de analfabetos de la experiencia en el asfalto y esa estulticia dictatorial puede acabar matando por obligarnos a vigilar que no infrinjamos absurdas imposiciones de velocidad... mientras nos olvidamos de la responsabilidad, radicalmente vital, de concentrarnos en conducir.
Además, en un país donde las instituciones, la política, la banca, la empresa, absolutamente casi todas las administraciones-incluso los presumidos salvadores de la regeneración democrática de nuevo cuño como Podemos- están inmersas en una corrupción generalizada, pensar que un organismo como la DGT es limpio manejando al antojo presupuestos con patente de corso y sin límite de recaudación es como ser tan crédulos de pensar que existen elefantes rosas voladores. Elefantes rosas no habrá, pero buitres en el cielo pintada la panza de azul los hay que cuestan un dineral a los contribuyentes con la obsesión paranoica de quienes, vaya usted a saber, cualquier día acabamos sabiendo que esconden también trapos sucios y prebendas inadmisibles favoreciendo a sus gestores.
¿En un país carcomido por la corrupción va a librarse de ella el organismo con mayor capacidad de recaudación, mediante una maquinaria incongruente de imposición ilimitada? No me lo creo. La todopoderosa SGAE tuvo barra libre para extorsionar hasta que fue intervenida; no debería extrañar que en el futuro surgiera un mayúsculo escándalo de corruptelas, resultado previsible de la explotación chulesca y sin límite que practican impunemente los responsables de Tráfico.


1 comentario:

Paqui Diaz R. dijo...

Siempre dando en el clavo y manteniéndonos informados de lo que va a suceder y sucede. Yo como muchos lectores de tus columnas y con todo lo trabajado hasta ahora, nos ponemos en pie y te aplaudimos.