GUARRADA

guarrada. (De guarro1). 1. f. Porquería, suciedad, inmundicia. 2. f. Acción sucia e indecente. 3. f. coloq. Mala pasada. Real Academia Española

jueves, 7 de abril de 2016

El escaparate hipócrita de la integridad personal


  Lo que diferencia a las personas honradas y honorables de las que no lo son, es el decoro y la pudicia en los actos,  las consideraciones del discernimiento honroso y el criterio escrupuloso sobre la imagen propia, privada y pública. La gente honesta se preocupa de ser antes que aparentar, cuida la pulcritud en el obrar y la limpieza moral en las decisiones. Le importa que en la siembra de un bagaje existencial exista una balanza para equilibrar el comportamiento procurándose legalidad y conciencia.

  Sin embargo, quien obvia la honestidad como la honradez le importa un bledo lo que haga mientras la apariencia se lo esconda, disimule o no sea demasiado evidente como para comprometer la fama. Quien actúa así es sobre todo un gran hipócrita pero suele ser también un taimado trepador sin escrúpulos.

  De Joaquín Vila está claro que su concepto moral de la decencia es exiguo con las detestables miras del abuso y la explotación, el parasitismo y la coacción. Las pruebas hablan de su nulo interés en actuar con criterio de honestidad practicando algo tan aberrante y repugnante como es el abuso laboral.  Socialmente cualquiera que lo ejerce  es un miserable, porque aprovecharse del trabajo ajeno solo está al alcance de bajezas rayanas en lo criminal. No es una actitud de caraduras sin más, sino de sinvergüenzas al margen de cualquier básica premisa de honradez.

  Algunos se preocuparían para no dejar la sucia huella de una identidad apestosamente falsa por una razón leal de compromiso humano: se puede errar y corregirse.  Alguien honesto se dignaría a preguntarse sobre el porqué de la indignación que provocan sus decisiones erróneas. De algún modo, el valiente y honrado sabio se ocuparía de mostrar una imagen decente. Desgraciadamente, la sabiduría puede estar reñida con el concepto de la justicia y  de la honororabilidad verdaderos. Un demonio puede ser astuto y culto, pues lo cortés no quita lo valiente, ni lo rastrero añado yo.

  Es tan evidente la Guarrada de El Imparcial.es, tan indiscutible la ruindad de un aprovechamiento sin conciencia, que el silencio y el pasotismo describen por sí solos el carácter falaz de cuantos viven a costa de los demás sin dar cuenta de unos actos que en cualquier sociedad civilizada son propios de parásitos e inmorales hijos de Satanás. 


  Anson debe de tener un concepto de la integridad digno de revisión. Su mente no se distorsiona; su espíritu funciona de modo distinto al de su prédica: ¿si no hay público no hay reflexión? El aplauso colectivo enmudece la voz de la conciencia privada. Vila si no enmienda tan retorcidos caminos ya está condenado, seguro. ¿Anson?... Mal andará el rico Epulón hacia las lindes del abismo, la siembra de sus actos, si es costumbre de él estos modos poco ejemplares. Mal.

1 comentario:

Paqui Diaz R. dijo...

Tan sencillo Sr.Anson como cumplir con su palabra con Ignacio. Póngase en el lugar de él y de esta manera comprenderá todo, así de sencillo, hágalo por favor y al instante pensará no ha sido justo lo que he hecho con Ignacio y remedielo, se sentirá mejor, creame.