GUARRADA

guarrada. (De guarro1). 1. f. Porquería, suciedad, inmundicia. 2. f. Acción sucia e indecente. 3. f. coloq. Mala pasada. Real Academia Española

miércoles, 6 de abril de 2016

Joaquín Vila se revolverá contra sí mismo


  La mano de algunos es una garra disimulada; empuñan el vil cuchillo de la traición por sus muy esmeradas prácticas de la cobardía y el abuso a la sombra de unos méritos adquiridos con usos delictivos, pero tan bien encubiertos que no los penan. Hijos de Satanás, tantos hay en el mundo.


     No hay nada peor para la salud social que el perjuicio causado por seres sin escrúpulos, sin conciencia sana, sin decencia humana, capaces de hincar un puñal cuando menos se espera. Juegan sucio, son rastreros, sociópatas sin valor moral por el que guiarse. Desagradecidos y malnacidos. Demasiados guarros, sí,  hay en el mundo.

  Son esos caraduras que se aprovechan del trabajo ajeno sin pagarlo o asesinan con sordina, o matan multitudinariamente. Solo causan dolor estando todos cortados por el mismo patrón demoníaco. Son lacras sociales sin respeto por ellos mismos. Sobrantes. Ejercen la ruindad acostumbrados a pisotear los derechos del prójimo, como serpientes que reptan hasta asegurarse estar a distancia conveniente para hincar el colmillo y segregar la ponzoña que los vivifica.

Sin embargo un día hay un ofidio que los espera cuando más confiados están. Los ataca de la misma manera cobarde que lo hicieron ellos. Prueban el escozor tóxico de la traición que los acribilla y sucumben en tanto la serpiente de las consecuencias escapa reptando para dejarles abandonados a su suerte tan labrada.

  Con el mismo juicio que juzgues se te juzgará.
  Con la misma medida que midas se te medirá.
  Quien a hierro mata a hierro muere.

  Algunos han tenido una existencia demasiado fácil, cobarde, abusadora y dolorosa para el prójimo que no advierten la necedad que supone  sembrar tan mal. No se puede ser un ventajista, de carácter tan inicuo, y no pagarlo cuando por sorpresa llegue el momento de recoger.

  No me imagino algunas caras horrendas, reflejos de iniquidad,  con los estertores de una muerte cierta por enfermedad desgarradora. Tampoco imagino esas caras con un orgasmo, jodér qué asco, pero a buen seguro que la mueca sería lo suficientemente repulsiva como para que describiera en breve lapso la maldad de las acciones que algunos llevan confiadamente acumuladas. 

  Serpiente mata a serpiente. Ley del karma.

  Cuando menos lo esperan, la traición se les revolverá contra sí mismos. Es ley de vida recoger lo sembrado.

Sé que Vila no acabará bien. Peor le irá cuando se vaya, confiado,  al otro lado.
 

1 comentario:

Paqui Diaz R. dijo...

Cuidadito con el karma, el solito se encarga de recordar y devolver cuando menos te lo esperas las malas obras y si no se ha remediado antes ya no hay vuelta atrás.
Ignacio sigue con tu defensa, eres fuerte y lo demuestras con creces.