GUARRADA

guarrada. (De guarro1). 1. f. Porquería, suciedad, inmundicia. 2. f. Acción sucia e indecente. 3. f. coloq. Mala pasada. Real Academia Española

jueves, 18 de febrero de 2016

El inexistente código ético de El Imparcial.es



  Creo en la multiplicación de los talentos. No guardarse lo que tenemos y aprovechar cada día para darnos a los demás construyendo un mundo mejor. Será que en mi infancia me calaron los principios de Baden Powell como boy scout que fui durante muchos años.

  En la hebilla del cinturón junto a una Flor de Lis rezaba un lema : "Scout siempre listo". Luego de la infancia y después de mi primera juventud todo lo aprendido, no sin cierta capacidad de aguante y sacrificio, me sirvió para dirigirme por la vida con principios de honradez que siempre he procurado seguir como máximas personales y dictados de la conciencia.

 Soy valiente.Vencí el miedo infantil a las agujas del practicante, anteponiendo mi disposición a que mi sangre fuera útil de adulto convirtiéndome en donante de la Cruz Roja. Estoy sano y vivo sano; no fumo, no bebo y jamás me he drogado. Me encanta la sabiduría de Dios para crear dignas, inteligentes y hermosas mujeres-al margen de las descritas-y admiro la infinitud del Universo al que pertenecemos. Escribo, pinto y ayudo a publicar a autores. No tengo gustos raros y me alegro cuando veo a la gente feliz. Soy una persona normal, bienintencionada en un mundo de anormales y malintencionados donde abundan también las personas sencillas.

  No soy en absoluto de trato agrio, pero en esta existencia donde abundan serpientes y escorpiones no se puede bajar la guardia cuando pretenden dañarnos. Los niños, los ancianos  y hasta  los animales-con los perros es sobrenatural cómo nos llevamos- me adoran como yo a ellos y soy de fácil corazón, generoso y entregado, salpicado de simpatía aunque muy consciente de que el trato que algunos merecen no puede ser el confiado que brindo a quien me inspira nobleza, honestidad, sencillez y buen corazón. De hecho, soy proporcionalmente duro con los indeseables como entregado a la gentileza que muestro con personas de alma digna.

  En mi vida he salvado alguna  auxiliando accidentes de tráfico, no obstante llevo conducidos más de un millón de kilómetros en motocicleta y coche, con toda esa probabilidad de ser testigo de accidentes que conlleva tanto tiempo en la carretera. Mis especialidades sanitarias más el arrojo que imprimo a mi voluntad cuando se me necesita, posibilitaron que pudiera ayudar en momentos extremos cuando mi prójimo me ha necesitado. La última vez entré en un coche que ya estaba ardiendo, desabroché el cinturón que sujetaba a una chica semi inconsciente y la saqué en brazos ante los otros testigos inmovilizados por el miedo. En el colmo de la generosidad, otra chica me dijo que la accidentada pedía su bolso y un poco temerariamente regresé y lo recogí antes de que las llamas empezaran a consumir el motor.

  Soy una persona que se arma de coraje en situaciones difíciles y quizá por ello no dudé en correr hacia un perro agresivo de presa que hace dos veranos intentaba arrebatar a un cachorrito de los brazos de una dueña aterrorizada, e interponerme ante el depredador y ella librándome de ser atacado en última instancia por el oportuno grito del dueño que paró en seco la agresión.


  Soy de buenas acciones cada día-una buena acción a diario como decía el principio Scout-, por ello no entiendo la malignidad gratuita de algunas personas que parecen existir solo para complicar la vida de los demás.

  Los principios de ética que ha infringido Joaquín Vila, como orquestador, El Imparcial.es como entidad y el propio Luis María Anson son de absoluta y sonrojante desvergüenza. Mi pecado ha sido aportar un trabajo excelente, muy bien valorado por las redes sociales y posicionados, aún siguen ahí, en primerísimos lugares de buscadores como Google.

  Un trabajo bien hecho en equipo es motivo de satisfacción, sobre todo si se ha desempeñado de manera gratuita pese a la expectativa de cobrarlo más adelante según solemne compromiso del presidente Anson. Sin embargo, con gente poco sana, recelosa por envidia, mediocre de espíritu y capaz de trampear y zancadillear con juego sucio, la excelencia de una labor inteligente y honesta se transforma en una amenaza.

  De ahí que haya tenido que soportar un Mobbing durante meses, con la complicidad de Carmen de la Vega, María Cano Ezcorría, la subdirectora, y con la aquiescencia patética de todo un Premio Príncipe de Asturias de Humanidades como es el muy tristemente decepcionante Anson.

  De igual modo que amo la justicia verdadera respecto a mi prójimo, la quiero también para mí si soy merecedor de ella. Por eso me parece del todo inadmisible la guarrada que denuncio y que escandalizaría a cualquier persona de bien, no así a los ejecutores cuya ética y moral parecen estar ausentes de toda dignidad, predicándose con la palabra una hipocresía que acentúa los actos infames cuanto más honorables pretenden ser ante lo público. No pasa inadvertido tan cínica pose, cada vez para más gente.


  En privado he conocido el cinismo egoísta e hipócrita de un El Imparcial.es plagado de gente poco confiable en lo personal, ¿que pretende aconsejar moralmente a un país y al mundo? No es extraño que arremeta contra tanta vaciedad de espíritu plantando cara a los que solo parecen ser  trozos de carne, en tanto no reflexionen sobre los males y perjuicios que les convierten en lacras sociales sin fondo ni credibilidad.

   Es cuestión de tiempo que les desenmascaren y seguiré reivindicando mi derecho insoslayable a ser pagado por mi extenso, eficaz y válido trabajo de 90 columnas, además de exigir, con el mismo derecho inalienable, una disculpa por el brutal, maligno y execrable maltrato que he recibido sin otra justificación que la intención retorcida de algún individuo incapaz de respetar la vida de su prójimo. 

  De recapacitar en limpia conciencia y comprender-los que me han abocado a tomar esta determinación ingrata-que yo no soy el culpable de esta displicente situación, entonces respetaría y loaría lo que podría considerar una rectificación de sabios. Mientras tanto tengo el mismo empeño en defender mi dignidad pisoteada vilmente que otros empeños demostrados por facilitar la vida a mis semejantes. 

Quiero lo que me pertenece por derecho: un justo pago a mi trabajo  y una disculpa; ni más ni menos honesta y férreamente que lo cortés no quita lo valiente. Una justa compensación a una guarrada-no elegí a la ligera el sustantivo para titular este blog- incalificable.

2 comentarios:

Francisco Pelufo Martínez dijo...

Anson es el cara dura más grande de toda la escoria de prensa nacional. Siempre pensé y dije que es la pura imagen de un cínico y su cara lo delata como más falso que Judas.
Si seguimos mirando caras y nos fijamos con la del director, es la cara típica de un borracho.
Pagar sinvergüenzas los servicios prestados, explotadores.

Paqui Diaz R. dijo...

El trabajo es sagrado, quien no lo respeta no merece otra cosa que el desprecio social, no se pueden aprovechar de esa manera tan inhumana, sin perder el respeto por sí mismos. Tú eres el normal de todo esto tratándoles severamente como se merecen.
Me da asco, es de tramposos, así actúa la gente en la que no se puede confiar absolutamente en nada.