GUARRADA

guarrada. (De guarro1). 1. f. Porquería, suciedad, inmundicia. 2. f. Acción sucia e indecente. 3. f. coloq. Mala pasada. Real Academia Española

martes, 2 de febrero de 2016

Luis María Anson, intelectual de guante blanco


   La intensa experiencia me ha demostrado que el lisonjero es un buscador de conveniencias, capaz de apuñalar a la mínima oportunidad de una traición.

  Si ha decepcionado fue visceralmente. Después de comprobar la cínica teatralidad que me ha demostrado, me entristece leer a Anson en su Canela fina de El Mundo o Al aire libre de El Imparcial.es. Hay que tener mucha jeta para no cumplir con una mínima exigencia de moralidad y sermonear al país aparentando ser un referente de integridad que ya no pocos ponen en duda. 


  Para muestra un indignado botón de los comentarios de este blog:

  Charneguet:

  Lo de este huele bragas, es de juzgado de guardia, Ignacio. Yo que suelo no solo olerlas, sino que hasta me las como, decir que a golfo no me gana nadie. Pero siempre mantuve que hasta para ser un golferas se precisa unos mínimos de calidad personal, de clase interior, porque la nobleza obliga. Es algo que el lacayuelo Ansón, doctorado en genuflexia por la universidad Yale-Vale, ignora. ¿Premio Príncipe de Asturias de Humanidades?...jajajajajajaja...!Ni el del "Conejo de Eva"!...Un título que los camioneros de club de alterne lo llevarían con mas hombría y dignidad que él.

  Francisco Pelufo Martínez

  Querido amigo y colega Charneguet, por supuesto que huele a bragas, cualquier furcia de las Ramblas o del barrio chino de Valencia las lleva más limpias que las suyas. La dignidad no se enseña, hay que tener mucha clase para ser digno y el lobo  del cuento de Caperucita Roja es mucho más digno que estos zorros de la vieja guardia.  

  En vista de la falsedad que estila, al académico le viene bien el lenguaje coloquial y hasta vulgar para describirle. Hay actitudes chabacanas tras su insensibilidad e indiferencia por las injusticias. No atesora mucho honor quien lo representa sin merecerlo. De eso sabía el pueblo cuando en las revoluciones exhibía a los hipócritas que lo habían llevado a la ruina, para dar cuenta de ellos en las guillotinas. 

  No todo el mundo capaz de robar perpetra la maldad del mismo modo. Existe el facineroso que bardeo en ristre asalta a sus víctimas causando un daño evidente, indiscreto e instantáneo. No es la misma manera de actuar que ejerce un ladrón de guante blanco cuyos perjuicios son solapados, silenciosos y duraderos, pues la discreción facilita la perpetuidad del delito hasta que se advierte el mal.

  En España ha habido malos sin disimulos; los menos dañinos. Peor es que hayan preponderado muchos males con apariencia de honradez. Así nos encontramos al término de muchas décadas con falsos guías que han escenificado esa honradez prescindiendo de  la dignidad personal en tanto no fueran observados públicamente. Hipocresía recalcitrante pero bien disimulada.

   Anson a conveniencia es halagador a la cara, ladino en la distancia que no escucha ni le observa. Falso.

  Es chocante que un Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades haya hecho tan poco contra las grandes injusticias de este país. Luis María Anson recibió los premios por los servicios prestados-bien sabrá él a qué oscuros señores habrá servido- en un país donde la mentira, la conspiración y el juego sucio han sido reglas perennes del enriquecimiento para muchos personajes con pocos escrúpulos. Anson ha enterrado el talento de la parábola, como si tanto premio solo fuera la recompensa pactada a actuaciones contrarias al espíritu de tanta condecoración humanitaria y cultural.

   A Luis María Anson se le podría denominar intelectual de guante blanco, siendo así la persona con influencia que engaña con palabras a una sociedad de la que se nutre con actos deshonestos, abusivos, cínicos y discretamente poco aleccionadores. Todo lo contrario en lo privado de lo que se representa en público.

   Cuando los farsantes quedan al descubierto, el resto de la sociedad que los respeta tiende a mirar hacia otro lado siempre y cuando no se traspasen los límites del deshonor que puedan provocarles una caída personal. Anson está muy sostenido por la falsedad de España, pero tarde o temprano las obras corrosivas terminan pudriendo la armadura de la impunidad y hasta el féretro donde se ajan los restos mortales.

  Lamento profundamente mostrar la indignación que me produce el comportamiento anómalo de gente que debería estar al margen de la parasitación social y el abuso con la explotación indecente; como las de El Imparcial.es que preside alguien que desdice con hechos sus discursos sobre la integridad social y política. 

  Porque no hay fama de honradez que perdure si la deshonestidad lo desmiente, por muy intelectual de guante blanco que se finja ser Luis María Anson ya huele al descrédito de su obra privada.

1 comentario:

Paqui Diaz R. dijo...

Es del todo comprensible que sientas indignación por lo acontecido, no es para menos, se han aprovechado de tu trabajo y si te he visto, no me acuerdo.

Las apariencias engañan, bien cierto es