GUARRADA

guarrada. (De guarro1). 1. f. Porquería, suciedad, inmundicia. 2. f. Acción sucia e indecente. 3. f. coloq. Mala pasada. Real Academia Española

jueves, 14 de enero de 2016

La pétrea infancia de Joaquín Vila, director de El Imparcial.es


   La niñez es una etapa influyente para el futuro cuando los niños evolucionan en un mundo propio muy concentrado, sin reglas ni leyes de convivencia. La espontaneidad es lo que prima en las relaciones y cada cual desarrolla su personalidad como si en el aislamiento, más allá del devenir de los adultos, se impusiera una realidad sólida más importante que el mismo Universo. La infancia es un teatro muy serio en el que los personajes van forjándose entre bambalinas. Por el carácter se reconoce a las manzanas podridas: caprichosos, déspotas, insensibles, rocosos y prestos a la amenaza. Niños caraduras, de alma pétrea, incorregibles.

   Entre los futuros adultos, desde su temprana edad se percibe al futurible sinvergüenza. El tronco estructural de la educación obliga a disciplinarse pero siempre hay niños que aprenden a conseguir beneficios abusando de su envergadura, o de su bajeza moral, vislumbrándose desde tempranas edades la maldad de aquellos que se crecen en autoestima a base de consumir la de sus compañeros.

   Se dice que los niños son crueles; no todos, sino los que van despuntando y se les adivina el carácter sin escrúpulos que irá desarrollándose hasta adultos para convertirse en seres inicuos y oportunistas. Luego, la adolescencia lleva en volandas al cínico hacia la competición del triunfo que suele dejar muchos cadáveres en la cuneta.

   Unos tanto y otros tan poco, los que prescinden de la ética para vivir son propensos a la escalada social demostrando carecer de conciencia por la carrera hacia el triunfo personal. Para algunos no hay límites en la mentira, la manipulación, el aplastamiento del prójimo, el parasitismo sirviéndose del trabajo y esfuerzo ajenos. Son ventajistas cuya virtud estriba en acentuar el carácter de matón que desempeñaban en el patio del colegio.

   No me imagino cómo sería la infancia de Joaquín Vila, pero a buen seguro que fue granítica como su cara. Probablemente ejerció el matonismo revestido de esa media sonrisa con la que actores que encarnan a los malos de las películas inquietan al espectador; así es  el rictus incierto de la transparencia que mal expresa, sin ninguna credibilidad, Vila en sus fotos.

   No debió de haber escrúpulos en un niño acostumbrado al abuso si de adulto se ha demostrado tan bajo instinto. Tal cual, los adultos inmaduros y de vida fácil siguen ejerciendo el parasitismo que se aprovecha de quien guarda consignas de civilidad y ética porque todavía llevan consigo mucho del niño aborrecible y cretino que cumplía años con reglas propias, afines a la trampa y el engaño.

   Como infante Vila debió de ser avasallador, fresco, acostumbrado al atropello como esos niños repelentes que imponen su ley por chulesca incapacidad para ser nobles, siendo residuos, a tiempo pasado, de una educación fallida con carácter infantil degenerado en una práctica de mal ejemplo sin corrección en la edad madura.

  No me imagino a Vila de niño, pero feo debió de serlo entonces también; de cojones. Ese espejo del alma que tuvo por cara le habrá acompañado toda su vida, pero no le justifica para obrar con esta maldad impropia de un ser civilizado que le ha dejado en evidencia perpetua con la guarrada que ha dirigido contra mí. Mal profesional quien miente, peor persona quien convierte, por sus canallescos actos, todos los méritos de su vida en una gran farsa basada en el oportunismo y la falta de humanidad. ¿Vila y tierna niñez? Qué infancia ni qué niño muerto.

4 comentarios:

Paqui Diaz R. dijo...

La finalidad del recreo escolar para estas gentes, era demostrar su maldad y así siguen siendo. Señores ya es hora de que vuelvan a clase y aprendan a diferenciar lo justo y lo que es INJUSTO.

charneguet dijo...

Soberbia la radiografia del interfecto, Ignacio. Sin calidad literaria, el escapelo perfecto para la disección, no se podría asumir con éxito el intento, ni este, ni ningún otro. !Que infancia ni que niño muerto! Un diez, Ignacio..

Ignacio Fernández Candela dijo...

Gracias, Charneguet. Si lo entiende el "interfecto" será que mi comunicación es excelente, como en las cartas abiertas anteriores.

Hay seres que pasan por la vida muertos, insensibles, incapaces de sembrar algo de armonía en este mundo con tantos muertos vivientes de parecidas características.

Yo no he usado el escalpelo en la mesa de disección. Son ellos los que se hincan el bisturí para sacarse la entrañas de la honestidad y la honorabilidad vendiendo al peso las vísceras de las codicias.

Ignoro dónde tiene el cerebro este Vila para juzgar de escasísima mi calidad literaria, pero ya di alguna pista cuando aludí a la búsqueda de los valores perdidos.

Este aprovechado no me llega ni a la suela del zapato, pero ya se sabe que el que es matón en los orígenes no se enmienda ni con un pie a punto de entrar en la tumba. Mundo de extraviados morales éste.

Ignacio Fernández Candela dijo...

Cuánta razón, Paqui. Estos son párvulos así pasen los años. No han aprendido un ápice de humanidad y decoro personal, el de la integridad, el verdadero.