GUARRADA

guarrada. (De guarro1). 1. f. Porquería, suciedad, inmundicia. 2. f. Acción sucia e indecente. 3. f. coloq. Mala pasada. Real Academia Española

martes, 12 de enero de 2016

Un mono apuntando con pistola a sus cabezas


 
 (Conversación de Tomás con el sacerdote Andrés).

Existen principalmente dos tipos de terrorismo, padre: el sanguinolento, espectacular y el psicológico, disimulado. Los dos son igual de crueles y los ejecutan seres desalmados. Luego está la violencia en defensa de los derechos elementales que, aunque nunca debe ser justificada, es tan necesaria como el proceso selectivo de la supervivencia que adopta la Naturaleza. 

   La extirpación de un mal es un deber, máxime cuanto está engendrado por la hipocresía y se mantiene mediante el engaño aprovechando los tiempos de paz. Es normal que cuando llegan los tiempos de convulsión social  se resuelvan  las cuentas pendientes con los otrora influyentes abusadores.

   Los terroristas que causan derramamiento de sangre pretenden causar un daño psicológico multitudinario con un impacto instantáneo. Los asesinos se expresan con violencia para dejar en el mundo la réplica del terror que aniquila a las personas. Es un terrorismo extendido y reivindicativo, una lacra de difícil erradicación por los grandes desequilibrios del mundo. Son demonios los que matan sin razón, salvo la pretextada por ideales ciegos que justifican sus atrocidades.

   Pero no todo terrorismo es sangriento e instantáneo. Existe otro tipo de terrorismo  repugnante que se sostiene en el tiempo con una acción de acoso permanente y que lleva a las víctimas al suicidio después de destruirlas cobarde y salvajemente. Lo llaman el asesino silencioso del siglo XXI y se denomina Mobbing. Probablemente este arma de cobardía ocasione más aniquilación en número de víctimas que todos los atentados violentos perpetrados en el mundo.

    Ese es el terrorismo que practican las gentuzas sin conciencia, sin vergüenza, frías e insensibles, deshonestas y de un carácter sicopático encubierto por la tendencia que los marca con el denominador común de la indecencia, carentes de humanidad. Son esos ejecutores los mismos sobrantes que en tiempos convulsos las revoluciones arrancan, cuando los ciudadanos explotados responden  de manera proprocional a los abusos. 

   Este siglo XXI revela las grandes mentiras que durante décadas han permanecido con apariencia de honorabilidad y honradez. Existen sectas que dirigen a sus acólitos desde mandamientos espirituales creando un lobby de poder nauseabundo y al que se adscribe la flor y nata de la inmundicia social. Roban, estafan, mienten, acosan, destruyen en nombre de Dios. Se hacen llamar civilizados pero en nada se diferencian de la yihad más salvaje. El problema es que no se les puede combatir con las mismas ruines armas, a no ser que durante una hipotética convulsión social sean destruidos como un tumor que daña el progreso de un país.

  Las revoluciones son un corte de manga extremado contra un poder establecido mediante el abuso y la imposición deshonesta.  Necesarias cuando la explotación canallesca rebosa la paciencia de las víctimas.

   Frente al terrorismo silencioso la baraja de la civilidad se rompe por parte de esos criminales que matan con sutil falsedad. Sería legítimo incluso en la actualidad que una vez quebradas las reglas se diera cuenta de los tramposos. Las revoluciones son una regeneración extirpando el mal que aqueja a las sociedades. Esta pistola cargada debería ser disparada contra la cara de los hipócritas que la empuñan. 

   La estupidez de los incautos que causan mal seguros de la impunidad que les protege, es reincidente en muchos episodios de la historia de la Humanidad. Nunca acaban bien los confiados imprudentes.

   Tanto va el cántaro a la fuente... La vida da muchas vueltas y es fácil entender el porqué del resentimiento visceral contra los canallas que van de civilizados pisoteando a su prójimo. En algún sitio estará fabricada la bota que aplastará sus cráneos.

   Cuando los cínicos hablan de paz engendrando violencia, padre, no hay mejor argumento para rebatirles que un arma sostenida por un chimpancé contra las cabezas; para intentar equiparar durante la discusión los cerebros y la conciencia, aunque en ambos casos el mono los supere con creces... así dispare.

La pequeña puerta del Cielo. Copyright 2012

2 comentarios:

Paqui Diaz R. dijo...

¡ El acoso permanente, destruye a la víctima !
¡ Cuánta explotación mental existe, desgraciadamente !
Tú, Ignacio eres fuerte, la vida se ha encargado de ello y no te quedas callado, como estás demostrando, aireando como debe ser, los trapos sucísimos, con la verdad de lo sucedido.

Ignacio Fernández Candela dijo...

Soy fuerte, Paqui. He pasado por experiencias extremas que he vencido allá donde tantos malnacidos que me intentan humillar habrían sucumbido.

Son inútiles, incapaces de nada bueno salvo la apariencia de honradez si les lucra. Pero aquí los necios no lo advierten. Cuando les toque marchar sentirán náuseas de ser quienes son en vida.

Los trapos sucios los esconden ellos, tras la apariencia de pulcritud. Falsos.