GUARRADA

guarrada. (De guarro1). 1. f. Porquería, suciedad, inmundicia. 2. f. Acción sucia e indecente. 3. f. coloq. Mala pasada. Real Academia Española

jueves, 10 de marzo de 2016

¿Ínfima calidad del empleo? El Imparcial.es, mucho peor




   En Abril del 2015, cuando aún desconocía el tipo de gente que estaba tratando-traicionera, abusiva, indigna y carente de toda honestidad como honorabilidad-, publiqué una columna intitulada La ínfima calidad del empleo en El Imparcial.es, periódico digital de la Fundación Ortega y Gasset-Gregorio Marañón; pobres insignes, tan garrafalmente representados y sin  derecho a defensa estando bajo tierra.


 Di perlas a puercos, de esos que se revuelven e intentan destrozarte, como diría Jesús.

  El trabajo precario es caballo de batalla de nuestras carencias en una sociedad que adolece de egoísmo recalcitrante y tendencia a la explotación, con el consiguiente descontento popular que nos aboca a incertidumbres políticas y sociales de un delicado carácter hasta ahora no tratado en democracia.

  Sin embargo, la falta de calidad en el empleo es pecata minuta frente al cariz estafador de la explotación pura y dura, del abuso sin conciencia que se practica en El Imparcial.es.

 Primero borraron mi página de autor cuando les dije que el trabajo se respeta y se paga. Al día de hoy todas mis columnas continúan en la Red plagadas de publicidad que produce un rendimiento económico a estos parásitos que no me han pagado un euro y me han echado injustificadamente con los peores modos estafadores perpetrados por una ruindad de empresa.

  He realizado captura de pantallas-con fecha y hora- de todas mis columnas con publicidad que están en Internet al día de hoy. Así dejar en evidencia a estos parásitos si pretendieran borrar la huella de sus infamias. Cuando uno se enfrenta a este tipo de guarradas hay que ser muy pulcro con los cochinos que las provocan.


  Poco imaginaba que el esperpento de la egolatría ansoniana, la monstruosa capacidad de parasitismo del granítico, por la cara,  Joaquín Vila, y la hipocresía espeluznante de estos miembros culturales del gran engaño de la comunicación periodística, iban a ser objetivo de mi legítima y severa denuncia propalando los métodos repulsivos de estos depredadores sin ley.


  En el colmo del cinismo y la desfachatez más asquerosos, este execrable ejemplo de  periodismo parasitario mantiene con publicidad mis noventa columnas posicionadas en primeros lugares de Google, beneficiándose al día de hoy de la indecente explotación.
  
  No dando crédito a tan retorcida muestra de incivilidad, algunos muy indignados me dicen que son unos hijos de la grandísima y de Satanás. Yo no diré eso, porque siempre creo que cabe alguna explicación ante lo asquerosamente aparente: disfunciones eréctiles crónicas, frigidez, inestabilidad mental; delirium tremens, complejos infantiles no asimilados etc. No puedo definir a quienes obran como demonios, acaso con alguna excusa inconfesable que les obliga a ser así. Pero, aunque ignoro de dónde y por dónde habrán parido a muchos en este mundo de infames sin fronteras, sí advierto la caradura repulsiva que exhiben algunos sin el menor sonrojo. Ellos sabrán por qué son tan cabrones; millones de seres que viven a base de pisotear a los demás.Yo no podría. 

  Mi columna denunciaba la precariedad del empleo ¿en tanto yo mantenía trato con las peores lacras de cualquier sociedad, los que prescinden de toda moral para ganar dinero y fingen conciencia aparentando ser beneficiosos? Son males inadvertidos que, paradójicamente, tienen ese protagonismo filantrópico de  lo teatrero, pagados y encubiertos por la explotación y el parasitismo. Puro y puto engaño.


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La ínfima calidad del empleo

Mariano Rajoy es un gobernante sui generis. Se sabe que es Presidente del Gobierno de España aunque los españoles no sepan realmente qué país dice estar gobernando. Porque los ciudadanos están desapegados de sus gobernantes no por voluntad propia sino porque ellos, con Rajoy a la cabeza, parecen ignorar las verdaderas inquietudes y problemas rutinarios con que se enfrentan cada día millones de personas.

Los de Rajoy viven en los mundos de Arriola, como de Yupi, no en España. Se congratulan de la buena marcha de la creación de empleo aunque se obvia en qué consiste esa generación de trabajo y en cómo repercute sobre el trabajador, el verdadero sacrificado para dar continuidad a la marcha económica del país. La mayoría sujeta el peso macroeconómico en tanto es aplastada por el abuso laboral que permite poner en marcha una maquinaria de generación de empleo bajo la explotación sin paliativos del asalariado. Eso no es trabajo, sino el espejismo de un despegue económico basado en el maltrato de una población activa que malvive soportando una imposición laboral de carácter aberrante.


Precarios sueldos, condiciones extenuantes de estrés mal pagado; mileurismo escaso y ramplón en la mayoría de los hogares españoles con el privilegio de la supervivencia; carestía pese al sacrificio de diario, inestabilidad e incertidumbre para quien posee un empleo en régimen de explotación, no son características que den razón al triunfalismo de un Partido Popular que vende humo en las promesas incumplidas. Los populares se equivocan cuando creen que con medidas concretas de índole electoralista, van a concitar la atención de quienes han aguantado durante estos años ante un horizonte personal plagado de desesperanza y desasosiego.

Al emprendedor se le castiga con obligaciones fiscales que parecen ser una burla a la osadía de intentar conseguir una autonomía económica. No se incentiva al autónomo como tampoco las empresas incentivan al personal sobresaliente que languidece ante la mediocridad de sus directivos o ensoberbecidos supervisores.

Durante estos últimos años surgieron empresas especializadas en máximo y estresado rendimiento de sus operadores con mínimos sueldos. Grupo Konecta es una referencia sobre esta explotación del trabajador. Se anuncia como líder en el sector outsourcing y Contac Center, pero las tripas no huelen bien. Así cualquiera es líder parasitando del esfuerzo descomunal de malpagados asalariados. No puede presumirse con el interior putrefacto. No deberían endiosarse mientras hay empleados con más de una década de antigüedad en la misma empresa que no se digna ni a ofrecer un seguro médico o el aliciente de un mínimo plan de comisiones. Abundan las personas que llevan el peso de las ventas multinacionales con miserables sueldos de mil euros, sin reparto de dividendos ni programación de regalías. Las empresas como estas se han convertido en abusadoras asiduas que usan a los candidatos durante un periodo de prueba para echarlos a la calle por no conseguir objetivos y sin remunerar el esfuerzo. Siempre hay borregos a los que trasquilar que pululan buscando su oportunidad elemental. Muchos desquiciados sufren el mercado laboral, abandonados sus derechos en manos de desaprensivos.

*Vivimos en país de caraduras que contemplan desde la cúspide cómo se arrastra un pueblo al que se le exige sacrificio sin compensación. Los autónomos y los asalariados en régimen de esclavitud mantienen este país que no merece a sus políticos que ven en un espejismo la solución a los problemas de quienes no poseen un ápice de esperanza trabajando para sobrevivir y pagar abusivos impuestos. Ese es el perfil generalizado del trabajador en una España que Rajoy no conoce sino a través del oráculo de Arriola; el gurú de las actuales y futuras derrotas, a este paso, del Partido Popular.

Ignacio Fernández Candela

*http://guarradaelimparcial.blogspot.com.es/2016/01/carta-abierta-al-angelical-joaquin-vila.html

1 comentario:

Paqui Diaz R. dijo...

Al parecer así funcionan y se benefian los aprovechados, llenando sus arcas a costa de los demás.
Estamos de tu lado, hasta el final. A ver si se quedan sin cara los que se den por aludidos de la vergüenza.