GUARRADA

guarrada. (De guarro1). 1. f. Porquería, suciedad, inmundicia. 2. f. Acción sucia e indecente. 3. f. coloq. Mala pasada. Real Academia Española

miércoles, 9 de marzo de 2016

Las rentables y cínicas virtudes de Anson


  Anson chochea. No por el intelecto últimamente repetitivo pero aún lúcido, sino en los arbitrios de una conciencia desnortada. La verdad es que es bastante repugnante leer su última columna sobre el escándalo de Arpegio-que alimentaba enchufados y paniaguados con dinero público-no ahorrándose vocabulario el académico para proyectar contra otros lo que él practica hipócritamente. Su indignación es puro cachondeo, eso sí, bien pagado incluso aprovechándose de mi trabajo.


  Dice él que se superaron todas las fronteras de la desfachatez y el cinismo. Mandat opus con el señor. ¿ Lo que denuncio no es propio de la desfachatez y el cinismo de unos aprovechados sin moral que les valga? Sobran los maestros de la moralina.

  Hay que ser un desorientado de cojones para atinar con tanta hipocresía en la descripción propia achacándola a otros. El cinismo y la desfachatez están elementalmente representados en la guarrada que se ha orquestado en El Imparcial.es. ¿Ese antro de explotación y falsedad que preside un caballero de alto plumero que pasa por la vida con la misma honorabilidad con que otros disimulan sus trapos sucios? Me gustaría pensar que no, pero no me da opción.

  Arpegio o El Imparcial.es practican la misma insolvencia moral. Lo que sucede es que a unos se les pilla por caraduras y otros siguen ejercitando la caradura mientras no se les pille. No sé si parasitan del dinero público pero sí que son unos abusadores laborales de baja estofa.


  Para la hipocresía todo es malo menos ella porque en el grado de la desvergüenza solo los falsos redomados son capaces de criticar sin cerciorarse de los fallos éticos con que ellos progresan. Miles de sinvergüenzas hay en España con apariencia sacrosanta. A Anson le tengo por hombre de honor aunque poco ha hecho en este caso por demostrarlo. 


  Este es el problema de un país destruido por la infamia y escondido tras la apariencia: la desfachatez y el cinismo que sobrepasan las fronteras, habiendo quienes las ensanchan a capricho para disimular inadmisibles actitudes explotadoras y aprovechadas. Multipliquen los casos de cinismo allá donde miren y comprenderán que estamos en las garras de aclamados desaprensivos. 

  Una manicura gruesa es lo que les hace falta.

1 comentario:

Paqui Diaz R. dijo...

Les renta, si, ver la paja en el ojo ajeno y no la de ellos.