GUARRADA

guarrada. (De guarro1). 1. f. Porquería, suciedad, inmundicia. 2. f. Acción sucia e indecente. 3. f. coloq. Mala pasada. Real Academia Española

jueves, 17 de marzo de 2016

Vila, el explotador sin conciencia y Anson... ¡Ay, Anson!


  Sus mediocres personalidades sin máscara, a pesar de las aparentes y altas honorabilidades, no podían permitirlo. ¿Más leídas mis columnas que las del propio Anson, como demuestran al día de hoy los buscadores? 

-¡Sacrilegio! 
-Llama a Vila y que se encargue, no importa si suciamente que eso no le cargará la conciencia.


  Siempre he tomado como un guarrísimo elogio la manera de actuar que ha tenido el ruin Vila que se sintió amenazado, junto a Cano Ezcorría, para quitarme de en medio después de hacerme la vida imposible durante meses. Como castigo a mi osadía pretendió humillarme sin esperar que le hiciera frente a sus modos de serpiente traicionera, ponzoñosa y envidiosa. Todo un elogio viniendo la afrenta de un ser mezquino como arribista, que por algo será director de El Imparcial.es.

  Dale Carnegie dio las claves para que cuando un facineroso  esgrimiera contra nosotros-las personas decentes y honradas del mundo-una crítica injusta y destructiva, observáramos que se esconde un elogio. Puntualizó que nadie se molesta en apalear a un perro muerto.

  La corriente de exitismo de los años treinta del siglo XX pretendía demostrar, mediante formulaciones sobre la actitud mental positiva, que todo esfuerzo conllevaba una recompensa; que había una oportunidad en el sacrificio y la voluntad y que nos regíamos por parámetros universales que con perseverancia podrían ser eficaces en nuestro trabajo y vida personal.

  Napoleon Hill, Walter Clement Stone, Og Mandino, Dale Carnegie, se encargaban de elaborar teorías explicativas sobre la capacidad de superación y el poder de la perseverancia en los empeños de la existencia.

  Gentes sin moral, carentes de conciencia, destructivas, tramposas, de juego sucio  estaban en la antítesis de la experiencia humanitaria que se proclamaba con aquellas tesis basadas en el éxito del esfuerzo y la tenacidad personal.

  Seres de obras dañinas como Joaquín Vila, de vida muy fácil y por ello insensibles a los méritos de la honradez y la integridad para el desarrollo personal, son esos escollos nauseabundos que cualquier persona esforzada y consciente de un trabajo bien hecho puede encontrarse durante la experiencia de la superación personal.


  Sin mediar beligerancias, con aparente cordialidad en un instante la traición inopinada, el desarrollo del mobbing sin justificación aparente y la puñalada trapera como colofón. Con ese tipo de elementos un niño con Síndrome de Down sería hundido en la miseria gracias a las maniobras malignas del muy villano Vila. Gente que tuviera que superar adversidades con méritos adquiridos en la intimidad de la discreción, se vería desintegrada por tramposos del carácter inicuo de Joaquín Vila.

  Cualquier logro legítimo sería arrasado por la crítica destructiva de un individuo que parece definido por una dolencia psicopática, capaz de provocar maldades solo proclives en animales racionales carentes de moralidad.


  Con destructivos y falaces seres como Vila, no tendría ningún sentido el afán de superación siguiendo las reglas de la integridad personal. Afortunadamente, los parásitos destructivos son un caso demasiado raro porque no todo el mundo esgrime desvergüenza sin sentir un ápice de consideración hacia el prójimo. No todo el mundo ejerce una monstruosa hipocresía como Luis María Anson. En realidad, hay quien acepta los reglamentos de la honradez para vivir y dejar vivir.

  Quien provoca mobbing consciente de los daños psicológicos que puede infligir es un hijo de Satanás. Socialmente es algo que denigra a las personas y los orquestadores son monstruos con apariencia de normalidad. No creo que Vila sea tan malévolamente infame para actuar conscientemente pero sí que alguna dolencia le aqueja siendo dañino para las personas que le rodean. Estoy convencido de que no soy yo el único afectado por su iniquidad injustificable.

  Está alejado de la realidad por lo facilón de sus méritos que parecen basados en el abuso y en pisotear a la gente. Decir que mis columnas era de escasísima calidad cuando muchos lectores las consideraban sobresalientes, es un síntoma de desestabilización mental por estar en otra dimensión, supongo que inspirada por el retorcimiento de su ser interno: un veneno de sus entrañas que supura contra los demás, en consecuencia.

  En primeras posiciones de los buscadores muchas de mis columnas. A 17 de Marzo de 2016.

  Por delante durante años "El único Pablo Iglesias", incluso del propio enlace de la página principal del periódico. Así  desde que se escribió en el 2014. Lo mismo sucede con muchas columnas mías como lo más leído, por búsquedas de temas, en El Imparcial.es. El éxito arrollador, la empatía con las redes sociales y la calidad de las columnas elogiadas por muchos lectores  fueron los causantes de esta sucia guarrada.

El único Pablo Iglesias. 


La misma empatía que con las columnas tiene este blog, posicionado junto a El Imparcial.es en Google y otros buscadores, para vergüenza pública de sus parasitarios responsables.

 Esgrimir que no me leía nadie cuando la mayoría de mis columnas siguen inamoviblemente posicionadas en primeros lugares como lo más leído-entre noticias y artículos- de El Imparcial.es, es estar alejado de una realidad que parece distorsionarse tras la ruindad de un cerebro con síntomas de profunda enfermedad.

  O eso o es que hay que ser un hijo de Satanás para mentir a sabiendas del daño infligido mandando a tomar por saco el esfuerzo de los semejantes, los méritos, el legítimo derecho a ser valorados en la justa medida y en la humanidad del juego limpio ante el abuso de quienes no respetan ningún código ético. En cuyo caso, de ser tan maligno, falaz, malintencionado, destructivo, intolerante, abusivo y demoníaco hablaríamos de un auténtico hijo de la grandísima que no creo que pueda existir a pesar de las apariencias.

  Anson me da mucha lástima. De Luis María Anson, solo puedo decir que jamás hubo en España semejante exponente de hipocresía en un ser confiado que cree estar por encima del bien y del mal consintiendo-si es que no la ha orquestado él mismo, cuestión que dudo- esta guarrada incalificable. De pena. Para lo que le sirve la intelectualidad, me temo que poco gratificante de obra espiritual se lleva a la fosa donde se retorcerá el alma contemplando la oportunidad perdida de una siembra más humanitaria que el espejismo de los  premios; como ese Príncipe de Asturias que allí le aprovechará muy poco. Pena que da el insigne ciego.


  En cambio los actos de Vila me dan bastante asco, como él. Diría que su cara refleja lo que me inspira. La gente me dice que tiene cara de mala persona... veo muy evidente esa observación generalizada.

  La corriente de exitismo del siglo XX venía a decirnos que con tesón, honradez, calidad en los empeños, la conciencia limpia y el ejemplo de la perseverancia nada era imposible en este mundo y todo se podía lograr con el mérito del trabajo bien hecho y la voluntad de alcanzar loables metas.

  Todavía no había nacido Joaquín Vila, el ventajista, parasitario y aprovechado caradura del trabajo ajeno. De lo contrario, junto a la mayúscula falsedad de Anson, habrían estudiado los autores otras posibilidades para defenderse de tamañas maniobras, propias de ruindades sin ética conocida.

  Como no hay nada escrito sobre cómo tratar estos casos extremos de actitudes tan sinvergüenzas, improviso en este blog que con 20.000 visitantes en menos de 4 meses va dejando constancia de la verdadera identidad que se esconde en estos señores y la indecencia que disimulan pretendiendo moralizar a un país que ya va reconociéndoles tal cual son.

¡Ay, Anson, ay, Anson!, qué bajo y con qué poca clase se me ha caído el mito de tu valía e integridad personal.


1 comentario:

Paqui Diaz R. dijo...

Yo todavía me hago la misma pregunta, cómo puede decir que tus columnas eran de escasísima calidad, cuando siguen punteras en los buscadores, es de risa y de una hipocresía tal que daña la moral, tan gran mentira y a la vista está, qué ridículo se tiene que sentir una persona sabiendo que saben que miente, en fin lamentable y nada beneficioso para quien lo comete. Ignacio a por todas que son pocos y cobardes.