GUARRADA

guarrada. (De guarro1). 1. f. Porquería, suciedad, inmundicia. 2. f. Acción sucia e indecente. 3. f. coloq. Mala pasada. Real Academia Española

viernes, 18 de diciembre de 2015

Petición de permanencia que Anson asumió para no hacer nada



A continuación trascribo un correo donde le comunicaba a Luis María Anson el calvario de múltiples irregularidades que durante meses había boicoteado mi trabajo. Por lo visto, una exposición que se pasó por el forro...

En la visita personal me dijo que no me preocupara de nada pues él se encargaría de arreglar la situación injusta. Luego llegó lo peor del acoso con la expulsión y una carta de Anson que analizó mi pareja con exquisito sentido común. Al día de hoy solo he obtenido intento de humillación y silencio, cuestiones que pueden meterse por donde les quepa a los ruines lacayos.


Le respondí para no saber más de él, tan ocupado que estaba siquiera para mirar el cadáver que abandonaban en la cuneta destruido después de un acoso y derribo repugnante... pero este muerto está muy vivo.  

El señor debió dar por zanjado el que se me humillara, a través del hombre con cara de comic, Vila,-como le llama mi sobrinita- después de acosarme e intentar desmoralizarme boicoteando mi trabajo durante meses. Luego recordé la reflexión de mi novia y lo vi muy claro: Anson sabía muy bien la injusticia que se cometía conmigo y me invitaba a asumir el atropello y el abuso moral, por las buenas. Despreciable intención. Así que, a palabra incumplida no hay indefensión que valga.

Soy absolutamente respetuoso con personas dignas de actitudes honorables. No me convence la simple apariencia. De haber sabido por los actos con quien trataba verdaderamente, en dos párrafos me hubiera ventilado la comunicación.

El caso, es que después de tratar con Anson me cuesta pensar que pueda reaccionar así estando en posesión de todas las informaciones sobre mi caso y ¿cabe la posibilidad de que le aislen para que no reciba mis comunicaciones? No lo sé, pero al día de hoy esta situación sostenida habla poco bueno de sus responsables e indigna hasta la repugnancia.

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 Sr. Anson:

 Deseo participarle alguna noción sobre mi persona consciente de que su intensa vida profesional abarca muchos momentos siendo yo una irrupción muy breve en su agenda cotidiana digna de un hombre magistral, como es Usted,  de España.

Nos conocimos en Somosoguas, durante una visita al Sr. Ruiz-Mateos en su residencia de Alondra,2. Entonces, por petición suya, batallaba a diario en defensa de su buen nombre injustamente vilipendiado y trabajaba para el mejor fin de un Proyecto de pago que, incluso después de su marcha, sigue vigente con las siembras realizadas a la espera de resultados fehacientes, por mucho que parezca imposible una resolución de semejante calado con el agravante de la marcha del empresario. Entonces era su portavoz aunque mis funciones fueron muchas otras.

 Siempre recordaré el momento de su visita al Sr. Ruiz-Mateos así como mi atrevimiento cuando osé pedirle que examinara mis libros. Al poco recibí la grata comunicación para poder escribir en El Imparcial. Uno de los días memorables de aquella etapa agria desempeñando una difícil labor al lado del empresario que aún no ha finalizado por las coyunturas circunstanciales de unos acontecimientos que me obligan a persistir para intentar cumplir, junto a otras personas implicadas profesionalmente, su solemne compromiso con todo lo que conllevaría de restitución en cuanto a su honor mancillado tan injustamente.

Respecto a lo hablado entonces con Usted sobre la solución del drama de los Inversores, obligado por las circunstancias harto dificultosas y no menos acerbas para la función que ejerzo incluso una vez fallecido el Sr. Ruiz-Mateos, conocedor del desarrollo pormenorizado emprendido entonces, cuido de la siembra que pudiera fructificar después de largos años de dificultades y demoras. 

Por todo esto, mis adversarios son muchos pues siempre me he encontrado en el fuego cruzado de diversas codicias personales que he desdeñado en pro de cumplir la voluntad del empresario y ayudar, en la humilde medida de mis esfuerzos, a miles de personas desesperadas.

Una vez le he antecedido quien soy, me  dirijo a Usted por mi labor como colaborador que he desarrollado durante casi dos años en el Periódico que Usted preside. 

Sr. Anson tengo la convicción de que los prohombres de un país, como es Usted, son esmerados vigilantes de la básica moralidad e integridad de conciencia que pronuncian con valores personales las virtudes profesionales por las que llega el reconocimiento merecido. No me cabe duda de que Usted responde a esta premisa de honradez a ultranza-habiendo tenido el honor de conocerle personalmente durante su visita a Alondra, 2- para ser protagonista y crítico destacado e influyente de los acontecimientos socio políticos económicos y culturales que preside desde su prestigioso Periódico El Imparcial, siendo imprescindible e histórica su representación personal en el devenir de la España contemporánea y actual.

Como me tengo por persona que obra con rectitud es legítimo que demande lo mismo de mis semejantes y es por ello que, con claridad en las ideas como en la actitud personal, me dirijo a Usted por escrito para exponerle cuestiones muy elementales que tienen que ver con mi aportación al periódico El Imparcial que, sin cobrar un euro después de casi cien columnas, ahora se reestructura para pedirme una colaboración cada quince días. Admirado Sr. Anson, debo decir que no  es justo este nuevo tratamiento de mi labor  y cualquier persona instruida con moral y conciencia equilibrada lo vería así, a no ser que sea algo temporal y alguien esté pensando en mis legítimos intereses.

De lo contrario, no me parecería de recibo que asalariados, puntualmente pagados, decidieran sobre la reducción de aportaciones de un trabajo nunca remunerado, después de haber cumplido puntualmente con la entrega de las columnas cada semana, contribuyendo a la buena marcha del Periódico. Porque convendrá Usted que a la gente no se la usa si existe una presunción de la ética cuando se trata con personas honradas que saben dónde están los límites de la decencia en las relaciones humanas.

Después de casi cien artículos que cuentan semanalmente con muchos lectores y valoración pública -como demuestra el posicionamiento en los buscadores de muchas columnas y los comentarios de aceptación-; después de transigir con errores técnicos que borraron las valoraciones sobre mis artículos en redes sociales como Facebook; después de percibir un sutil desprecio posicionándome el último-cuestión que no es baladí por la propia manera de valorar en posiciones que tiene El Imparcial-durante numerosas últimas semanas; después de-esto es verdaderamente vergonzante desde cualquier prisma de la educación elemental- cambiar el modo de valoración de las columnas, sin previo aviso y con absoluto menosprecio al trabajo ajeno, borrando miles de Me gusta de Facebook por segunda vez pero no incidentalmente; después de un trabajo por el que se paga pero que se ha realizado sin exigencia pecuniaria aun estando plagada de publicidad cada artículo; después de tanto dado se comunica por correo de forma lacónica que por ajustes del Director mande una columna cada 15 días. Añadiendo que puede haber otros ajustes que espero no serían consistentes en que personal pagado decidiera que  dejara de mandar columnas quien no ha cobrado en casi dos años nada por ellas.

Mi instrucción cultural e inquietud intelectual son genuinas y crecientes mediante la motivación de escribir en su excepcional Periódico de raigambre profundamente elitista, en cuanto al pensamiento selecto y las características de su labor cultural inestimable en España y el mundo. Es por ello que me entristece recibir un trato de distanciamiento cuando he cumplido las expectativas sobre la confianza que Usted depositó en mí con su decisión de integrarme como colaborador.

Personalmente y asistido por la rectitud de conciencia que me caracteriza, admirado Sr. Anson,  sería incapaz de disfrutar un solo euro de mi paga si esta consistiese en la intención de aprovecharme del esfuerzo de mis semejantes y decidir, cual disposición totalitaria, prescindir de un trabajo del que se han lucrado otros menos el autor de él. Sería incapaz de disfrutar de una rica vianda en un restaurante sabiendo que lo que pago se lo he restado a otro para luego ignorarle como si fuera un peón en un tablero del oportunismo que consideraría capaz de deleznables jugadas o jugarretas.

Deseo que la apariencia sea un engañoso espejismo y vea que otros columnistas pasan por un proceso parecido al mío y después de el reajuste se piense en cómo equilibrar la balanza del esfuerzo realizado hasta ahora. De otro modo no me explicaría semejante involución injustificada en mi relación con El Imparcial.  Si esto fuera así,  si el  proceso evolutivo y coherente de la inteligencia hubiera progresado de este modo ingrato, estaríamos en los albores de la edad de piedra. No solo en lo formal sino también en el fondo moral. No me parecería siquiera legítimo condicionar el esfuerzo y el trabajo ajenos a políticas de reestructuración que no contemplaran el básico hecho de que a la gente no se la puede utilizar de esta manera tan extraña como abusiva y así sea contemplado para no dar lugar a equívocos.

Nadie mejor que Usted, Sr. Anson, es sabedor de que la Cultura verdadera ha de ser inherente al buen criterio de la honradez y la honestidad y eso he querido constatar durante este tiempo de quienes dirigen, espería que agradecidos por mi intensa aportación de calidad, el destino profesional de El Imparcial. Es por ello que deseo participarle lo que creo que es de justo y equilibrado criterio y que Usted puede desconocer siendo mi caso personal inherente a decisiones de cierto, elemental, grado moral.

Es por todo ello que mi recta conciencia me dicta dirigirme a Usted para pedir que sea clemente con un trabajo desarrollado con óptima resolución y válido para los intereses de  El Imparcial. Deseo seguir publicando semanalmente, integrado y con la capacidad para mostrar que mis empeños intelectuales son satisfactorios para su Periódico. Es mi oxigenación vital la continuidad de un aliciente que me permita desarrollarme con el criterio de acertado y singular pensamiento que dicen que caracteriza a mis columnas. Si no existe aún  presupuesto para valorar monetariamente un trabajo eficaz, al menos permanezca el valor moral que me impulsa a escribir con leales lectores y el posicionamiento puntal de mis escritos en buscadores de Internet como Google.

Ruego me disculpe este atrevimiento de dirigirme a Usted,  impulsado por la honestidad de mis actitudes sanas y el derecho a ser respetado defendiendo mi ánimo intelectual ávido de la oportunidad porque se conceda justa continuidad semanalmente, con el mejor de los empeños, a mi demostrada valía como columnista. Creo haber cumplido las expectativas de confianza que depositó en mí hace casi dos años y me sentiría muy honrado de que todo siguiera así.

Reitero disculpas por mi nuevo atrevimiento,  Sr. Anson. En la vida hay que actuar como el buen fin de la honestidad impulsa creyendo realizar lo adecuado. Espero sinceramente que sea así.

               Muy atentamente

         Ignacio Fernández Candela


1 comentario:

Paqui Diaz R. dijo...

Este no es el trato que merece Nacho de usted, indiferencia total, pongase en su lugar, pero para eso , primero hay que ser honesto, olvidaba lo más importante